La Guajira y el síndrome del sapo

La crisis de La Guajira ha dado para todo. Donde se han desarrollado unos síndromes que dan pavor, en especial en la dirigencia de la península que ha provocado que se ahonde más la crisis y todo por el bendito poder.

De estos síndromes he publicado acá en mí casa periodística muchos de éstos que en nada han contribuido para su desarrollo. Síndromes que son producto de regiones subdesarrolladas. El Departamento pareciera que viviera todavía en la época colonial y feudal.

El síndrome del sapo es producto de esos ciertos personajes que han venido para bien o para desgracia nuestra manejando nuestro departamento con más errores que tino en su devenir histórico. Dirigentes que se han creído que todavía estuvieran en el pasado, en ese pasado feudal donde se creen capataces y sus subordinados como si fueran los peones de su predio feudal y lo más grave que en el caso específico de la política miles de esas personas subordinadas les obedecen en todo como si fueran unos esclavos y lo que diga “el jefe” hay que hacerle caso sin chistar ninguna palabra.

La S de este síndrome es la soberbia. Cuando estos dirigentes se sienten superiores o mejor que los demás, lo que por ende provoca rechazo y distancias en varios puntos cardinales de nuestro departamento. El soberbio nunca es feliz pues pone mascaras de lo que no es. Eso se nota en varios municipios y en Villanueva estos soberbios han encontrado en la tierra bella el mejor terreno para el desarrollo de su ego enfermizo.

La A del síndrome del sapo es la arrogancia. Es la actitud de algunos dirigentes que tienen una mala autoestima inflada con su ego que está por encima de los 20 metros de su cabecita loca. Son quienes se creen más derechos y privilegios que otros y exigen sin tener que hacerlo. Son dirigentes que en nada han contribuido para el desarrollo de La Guajira. En épocas electorales llegan a donde una persona humilde a exigir favores de manera grosera e imponente y lo más grave con improperios y humillaciones. Ay de esos personajes en Villanueva sí que existen.

La P de este síndrome malévolo es la prepotencia. Es la actitud de quienes quieren imponer su poder o su autoridad sobre otros para sacar un provecho y siempre lo hacen abusando de su autoridad. Son varios dirigentes de La Guajira que usan la prepotencia como su aureola, nadie los puede criticar, no aceptan consejos y mucho menos sugerencias. La única verdad es la de ellos. Se creen dioses pero de barro. Su prepotencia es parte inherente de su personalidad. Ellos se creen los dueños del mundo y los demás pareciera que viviéramos alquilados en ese mundo donde solo ellos son los dueños de la verdad.

La O es la obstinación de este síndrome malsano que se ha enquistado en nuestro departamento. Es aquella persona o dirigente o seudo dirigente que es terca y se encierra siempre en su propia opinión, no escucha ni atiende a las ideas de los demás es la perfecta combinación con la prepotencia. El terco es alguien encerrado en las ideas de sí mismo. La terquedad es como una enfermedad que nace con ella, viene en sus genes y nadie la cambiará a no ser que nazca de nuevo.

Ahora mis queridos lectores el síndrome del sapo ha sido el causante de muchos de nuestros males seculares y de ahí se parte de la base de nuestro propio marasmo enquistado en un subdesarrollo alarmante que ya hizo metástasis en los cuatro puntos cardinales de La Guajira. Como lo expresa nuestro científico fonsequero Stevenson Marulanda Plata, “La Guajira necesita cirugías radicales, no biopsias de las metástasis”.

Una verdad de apuño que no necesita discusión y yo agrego que esas biopsias hay que hacérselas a los que sufren del síndrome del sapo.