La heroína del Cuna de Acordeones

La historia del Festival Cuna de Acordeones y de sus directivos en tantas versiones, olvidaron a la mujer que le puso todo el empeño, el esfuerzo, la dedicación, la verraquera y el talismán de la buena suerte para que Villanueva estuviera bien representada en la música vallenata y se consolidara hoy como la ‘Capital Folclórica de La Guajira’ y su Festival en el segundo en su género después del Festival Vallenato.

Esa mujer fue doña Gloria Socarrás de Maestre, madre de una de las dinastías de nuestra música: de Orangel o ‘Pangue’, de Gabriel o ‘Chiche’, de Jaime, de Saila y esposa de otro grande del folclor: ‘Milo’ Maestre.

Así como existió la heroína del Festival Vallenato, Consuelo Araújo Noguera o la ‘Cacica’, en Valledupar, de igual manera en Villanueva, la Cuna de los Acordeones, existió esa otra heroína que hizo historia por su festival, por la dinastía y por Villanueva. Ella es doña Gloria Socarrás de Maestre, con quien una vez hablando en su residencia, me contó cómo comenzó todo.

Todo sucedió en el año de 1979, a finales de agosto. Llegaron a la residencia de doña Gloria el ‘Papi’ Díaz , los hermanos: ‘Tilo’, Dairo, y el ‘Negro’ Sierra, se realizó la primera reunión a eso de las cuatro de la tarde, participaron también Farides Socarrás, Yanine Amaya, ‘Beto’ y Jesús Lola, ‘Lucho’ Celedón, Raúl González, Enalba Rosado, Mercy Fernández, Saine Zúñiga, Julio de la Rosa Insignares, Augusto José Ramírez, la ‘Chola’ y Marina Salinas, Saila Maestre, Jesualdo Bolaños, Javier Romero, Arnoldo López, Nubidia Pareja, ‘Lucho’ Suárez y Rafael Reines, que colaboraban con su vehículo para las reuniones y se comenzaron a trazar objetivos de lo que querían y a darle un nombre al festival y fue así como se le dio el nombre de ‘Festival de las Piedras’.

Una vez con el nombre a cuestas se hace una comisión encabezada por doña Gloria. El alcalde de ese entonces, Gonzalo Lacouture Lacouture y la secretaria Amalia Mazeneth Cabello, cuando les hablaron de la colaboración, manifestaron que sí pero si le cambiaban el nombre al festival. De ahí salieron para Valledupar en compañía de Julio de la Rosa, quien prestaba la colaboración del trasporte, a la Voz del Cañahuate, a promocionar el Festival de Las Piedras, como en efecto se hizo.

En dicha emisora, doña Gloria Socarrás le compuso unas coplas al festival, que fueron cantadas por su hija Saila y con el Acordeón de su hermano ‘Chiche’ y de ‘Bolañitos’ y en la guacharaca Jaime Maestre Socarrás. Una vez regresaron a Villanueva, se les acercó a la residencia de doña Gloria, la señora Belisa Daza a protestar por el nombre escogido y que no era conveniente para Villanueva.

Ante todos los acontecimientos de las personas que no estaban de acuerdo con el nombre, se convocó a una nueva reunión en la residencia de doña Gloria Socarrás y allí participó el representante a la Cámara de la época Román Gómez Ovalle y el abogado ya desaparecido José Pareja Ariza y el dirigente político fue enfático en que se le cambiara el nombre por otro y fue así como en plena discusión, Farides Socarrás expresó al aire que porque no ‘Cuna de Acordeones’, el cual fue escogido por unanimidad después de dos intensas reuniones.

Después de estos acontecimientos, una comisión en cabeza de doña Gloria Socarrás, viajó a Valledupar en compañía de Julio de la Rosa, a la Voz del Cañahuate, a informarle a la comunidad el por qué del cambio de nombre. Luego vino la organización del primer Festival ‘Cuna de Acordeones’ en una maratónica odisea y lo más difícil sin recursos. Se eligió la primera Junta del Festival quedando Luis Celedón Millian como presidente, en la residencia de doña Gloria Socarrás seguía funcionando como sede del Cuna de Acordeones.

Comenzaron a tocar puertas y fue así como José Ramón Vega regaló la totalidad de la madera para la construcción de la tarima, y Pompilio Morillo transportó esa madera en un tractor de su propiedad a la plaza principal. Viajaban a diario a Valledupar a promocionar el festival, en la Voz del Cañahuate con la colaboración especial del periodista Julio de La Rosa Insignares. En la ciudad de los Santos Reyes recibieron el apoyo de la colonia villanuevera en cabeza del odontólogo Gabriel Socarrás, quien dio la primera colaboración al festival; el abogado Gumersindo Peñaloza Montero, quien les colaboró mucho presentándoles a otros patrocinadores; el único Villanuevero que les negó el apoyo fue el abogado Uribe Habid Molina, aduciendo que él no residía en el municipio. La primera novilla la regaló el ganadero Luis Felipe Ovalle Ovalle para un día de campo. Se realizó la marcha del peso en Villanueva para recolectar fondos para el primer festival, la cual resultó exitosa por el apoyo del pueblo villanuevero.

En esa marcha colaboraron con su música el fallecido Rafael Fernández y ‘Milo’ Maestre, los dos grandes maestros del saxofón. En esta marcha un dato curioso, doña Hildegar Ovalle de Gómez tocaba el acordeón y Saila Maestre cantaba canciones alusivas a Villanueva.

La primera tarima se diseñó con papel cometa. El reconocido pintor Augusto José Ramírez Daza donó los primeros pasacalles, alusivos a la primera gesta cultural. Como dato curioso el acordeonero Jesualdo Bolaño o ‘Bolañito’ actuaba como chef de toda la junta organizadora del primer festival en la residencia de nuestra primera y única heroína del hito histórico y folclórico del Cuna de Acordeones. La primera caseta fue todo un éxito, amenizada por el Binomio de Oro, Daniel Celedón y Nolberto Romero, Orangel el ‘Pangue’ Maestre con Silvio Brito que estaban en todo su apogeo, ‘Papi’ Díaz con Pablo Araújo y el acordeón de ‘Bolañito’. Cuando cayó el telón del primer festival, la alegría y la nostalgia se sintió en todo el pueblo y hasta en la Serranía se sintió el guayabo por lo que acababa de suceder como uno de los hitos históricos que dejó enmarcada a Villanueva, quizás como una premonición de que nuestro pueblo estaba para grandes cosas, como en efecto ha sucedido.

¿Y qué pasó con la heroína del Cuna de Acordeones? Los directivos la echaron al olvido, como un baúl en un rinconcito de la nostalgia y del recuerdo. Solamente en el año 2003, como ocasión de los 25 años, se le hizo un reconocimiento. Pero la deuda que tenía Villanueva en el paraninfo de la historia, con doña Gloria Socarrás de Maestre, fue inmensa y grande y ante todo impagable. No hay derecho que una ‘Cacica’ de los quilates de que estaba formada ella, no le hayamos dado la importancia que merece y que otros que no labraron la historia sean lo que se beneficien de títulos honrosos que en la mayoría de los casos no merecen. Y que una mujer honorable, íntegra, llena de amor por su tierra, fuera ignorada de esta manera. Debemos reconocer la grandeza meridiana de una mujer admirable en la tierra de la fabula y la fantasía. ¡Que así sea!