La inquisición politiquera de La Guajira

En agosto de 2018, escribí un artículo llamado “Violencia, pesadilla interminable”, publicado el lunes 13 del mismo mes y año por este medio informativo. Allí quedó indicado que existen pueblos señalados, al parecer, por el dedo oculto de la fatalidad y sobre ellos caen lluvias misteriosas de maldiciones que los llevan a su propia destrucción. Precisamente esto está pasando en La Guajira, nuestro departamento, que en su cumpleaños 56 de vida administrativa y, mientras se celebraba una misa en honor a este acontecimiento, llegaba el regalo nefasto, de los que nunca faltan, para nuestro territorio: el Consejo de Estado nos enviaba, atado con lazos de seda de color negro, el fallo que anulaba la elección popular del doctor Nemesio Roys Garzón, como gobernador del Departamento.

Nuevamente estamos al garete. Una bagatela política, que en los medios se le llama “doble militancia”, la escribo en minúscula para que no crean que el problema es mayúsculo; como el caso de otros gobernadores, que salieron en bolas de fuego por motivos más preocupantes. Es obvio, que la demanda, calificada como de “doble militancia” fue interpuesta por quienes, en su momento, no supieron asimilar con dignidad una derrota duplicada en las urnas. Desafortunadamente esta es la triste realidad de La Guajira y la suerte de los guajiros, que nos han lanzado con su incapacidad, sin más argumento que una violencia política hermanada a una violencia institucional. Lo que es peor, vemos notoriamente que cada día, este fenómeno, se ha extendido como una infección, afectando todo el territorio peninsular.

Efectivamente, todo lo pronunciado por Nemesio Roys Garzón, en su discurso de despedida, es la realidad política que se respira en La Guajira. No es necesaria la transcripción de sus razonamientos, porque todos los guajiros lo entendemos y lo sentimos verdaderamente. Pero si es importante destacar que esa violencia política, desatada en La Guajira en los últimos 20 años, causante de muchas enemistades, es la lucha interminable hacia el poder, tal vez por los menos indicados y los que se creen con menos impedimentos morales, buscando sus propios beneficios superando sus adversidades económicas, en cargos administrativos. Generalmente, creo en lo expresado por Alain Deneault, un francocanadiense, doctorado en filosofía de la Universidad de Paris y conocido por su libro “Noir Canada: pillaje, corrupción y criminalidad”, donde sostiene que la mediocridad está en la naturaleza de casi todos los políticos.

Es importante destacar que las prácticas de los actores políticos locales, condicionando o impidiendo, ejercer libremente las responsabilidades y derechos, obtenidos popularmente, están ejerciendo la violencia política. Es lo mismo, cuando funcionarios públicos, dificultan los derechos ciudadanos, especialmente el acceso a la justicia, por negligencia o corrupción o por clientelismo, se denomina violencia institucional. En el primero de los casos, inciden mucho los actores contrarios, por motivos baladíes, descargan su impotencia en acusaciones que desestabilizan cualquier administración. En la segunda entran a jugar un papel importante los funcionarios que en nombre del estado dificultan los derechos ciudadanos, especialmente a una justicia imparcial. En el caso del gobernador de La Guajira, la acuciosa y rápida actuación de la magistrada, sea por corrupción, prejuicios o clientelismo, no permitió pruebas y argumentos a los defensores.

Es cierto que, cuando escribimos pensamos que lo que decimos llegará a los lectores y, obviamente, pueda lograr cambios que redunden en beneficio de la situación que tratamos. Primeramente, debemos recordar y aceptar que, entre todos los políticos hay personas veraces, consecuentes y capacitados académicamente. Ya son muchas las veces, años enredados en el tiempo que sufrimos y sentimos estas experiencias; gobernadores encargados que desconocen nuestra idiosincrasia y, a los encargados locales, les imponen secretarios y administradores temporales, que a lo largo de esos días no han solucionado nuestros problemas esenciales. Nuevamente estamos en esa encrucijada y no sabemos para dónde vamos.

Todos tenemos una apreciación del famoso fallo que sacó de la Gobernación a Nemesio Roys, creo que es extremadamente sospechoso, ya que el presidente Duque estuvo presente y no se inmutó al conocer la noticia de boca del agraviado: los judas se ahorcan solos. Por eso, es preciso que reflexionemos, urgentemente, sobre la actividad política de nuestro departamento y los resultados que se den. Es claro que necesitamos políticas y políticos responsables que se interesen en dar solución a nuestros problemas.