La inseguridad aterra y desarticula

Por Martín Nicolás Barros Choles

La inseguridad es un factor negativo y desastroso, donde se ubique genera incertidumbre y desconfianza por causas ilícitas, manipuladoras, mañosas y graciosas, utilizada para engañar, estafar y robar.

Por inseguridad se pierde la fe, la credibilidad y confianza en personas y autoridades, desarticulando estructuras, proyecciones, programas y servicios. La corrupción es la principal causa de la inseguridad, aprovechando la ignorancia y la buena fe de quienes creen en el respeto a las palabras, seriedad y honestidad de los que ejercen y prestan servicios de manera general, particular, profesional, técnico, público y privado.

En Colombia cada año se aprueba una cantidad de leyes y se reforma a la Constitución, implementado, modificando, adicionando y creando normas legales que sirven para generar beneficios e intereses particulares y personales, sin utilidad general ni colectivas. Estamos sobrados de múltiples normas legales vigentes que parten del siglo XIX hasta la fecha, colocadas a la buena suerte de interpretaciones, objetiva y subjetiva de los distintos y variados textos, de acuerdo a la razón o conveniencia que se apliquen en situaciones concretas. Algunas normas vigentes difieren de otras, igualmente en vigencias. Lo mismo ocurre con providencias judiciales, incumplidas por autoridades competentes, originando confusiones y dudas en realizaciones de acciones e inversiones productivas por falta de garantías. Es necesario y urgente compilar legislaciones de diferentes regímenes, condensándola y depurándola en brevedad y síntesis de entendimiento, facilitando los gobernantes la atención popular y especial en servicios profesionales, técnicos, orientadores, asesores y acreditadores, de formalidades en cumplimientos de requisitos, requerido en diferentes trámites administrativos y judiciales.

La inseguridad nos lleva a desgracias y frustraciones, generando desestabilización emocional y económica, con pérdidas materiales y desmanes, por imprecisiones normativas e interpretaciones equívocas y erradas, incidiendo la mala fe con aspectos y circunstancias reprochables que frecuentan con prácticas dañinas que aún no han sido erradicadas en nuestro estado de derecho.  Donde impera y prevalecen, el tránsito y círculo de corrupción, la inseguridad es el gancho trampa para pescar, cazar, exprimir y usufructuar derechos ajenos. Un juego de doble filo, de extracción económica.

En esta nación nadie está seguro de nada. Vivimos a la buena de Dios y el vaivén de los vientos. La inseguridad nos acecha y persigue en lo público y privado. Es otra pandemia que no se controla, porque comprometes autoridades que se lucran de la corrupción, asumiendo las retribuciones que de ella se genera, como un valor agregado, al salario u honorarios devengados. Si no se dispone de los medios monetarios efectivos, para aplanar la seguridad, no hay garantía de efectividad, ni éxito. Todo vale o te priva de derecho. La razón sin engrase y “coimas”, no prospera de manera ordinaria, de pronto excepcional.

Quienes deben garantizar seguridad se hacen los de la vista gorda, esquivando responsabilidad de autoridad competente, compartiendo con intermediarios facultados, de negociar y recibir retribuciones de servicios por cumplimientos indebido en los poderes públicos, órganos de control y autoridad penal, con ramificaciones y extensiones institucional y territorial. Es un deber formalizar la consulta previa con comunidades y etnias, negras, indígenas y otros por obras que los afecten, para consentirla previo acuerdo democrático interno. ¿Por qué omitirlo o manipularla? Una de las perlas que pueden mencionarse entre tantas inseguridades que a diario brotan como burbujas en las administraciones públicas, judiciales, financieras, laboral, salud, medioambiental, comunicaciones, obras, policivas etc. Inseguridad en las vías, espacios públicos y privados. Nos toca convivir en inseguridad, expuestos a ser víctima de la delincuencia de todos los calibres o sufragar gastos por concepto de trámite y protección institucional, empresarial y personal. No se escapan ni los medios de sistemas tecnológico de cómputos y comunicaciones hackeados por expertos delincuentes que se nutren con robos de información y dineros de cuentas bancarias. También causan daños y graves perjuicios con virus. La falta de transparencia, ética, seriedad e irrespeto interprétela como inseguridad.