La línea divisoria

De igual manera como nuestros indígenas asentados en la Sierra Nevada de Santa Marta, han demarcado con la línea negra su territorio ancestral.

Así mismo, la población de nuestro departamento debe atreverse a trazar una línea divisoria que separe a La Guajira de hoy, la que está en plena crisis en todos los órdenes, con La Guajira que nacerá después de la crisis. Me refiero a la crisis política y humanitaria tan recurrente e insostenible de los últimos años. La misma que nos tiene obligados como a quien le apuntan con un revolver en la sien, a cambiar en nuestra humana forma de vivir y a romper estereotipos y paradigmas que solo quedan en La Guajira. Así como el nacimiento de Cristo partió en dos el cristianismo y dividió la historia de la humanidad, del mismo modo La Guajira debe animarse a partir en dos su vida político-institucional para mejorar su imagen y cambiar su calidad de vida y los índices de desarrollo humano. La línea divisoria será en el imaginario colectivo la delimitación que separa dos eras totalmente opuestas de esta península. Una que ha marcado nuestras vidas para siempre por sus nefastas consecuencias, considerada la era del desastre y el fracaso de la sociedad. Y la otra será la proyección y ejecución de un proyecto de departamento, donde se le dé la mayor importancia a la gente y a la inversión social para transformarlo. La era de hoy y que mañana debemos llamar antigua, es el imperio de una sociedad sin valores ni principios y donde todo se vale. Una era que nos ha llevado a mantener bajada la frente y donde lo que vale es el dinero, dime cuánto tienes y te digo cuánto vales.

Una sociedad que le rinde culto al traqueto, al hampón y al pillo, porque muchas veces, tienen mejor consideración que los hombres más ilustres y eminentes de la sociedad. Un departamento con una población que ha creado sus propios códigos de valores, como consecuencia quizás, de la era del contrabando y de la marimba, donde ha hecho carrera la ley del más fuerte. Una sociedad con cimiente corruptible y que todo lo mezcla con el bajo mundo y donde hasta el poder político solo se conquista nada más con el poder económico. Una sociedad que no forma nuevos modelos de liderazgo con masa crítica ni centros de pensamientos, sino que más bien, se condena a repetir una y otra vez, la misma historia. Un modelo de sociedad que nos tiene en la picota pública con los peores calificativos para referirse a nuestro pueblo. Improperios que nos han puesto un tatuaje de corruptos con tinta indeleble que ha marcado el alma de esta y de las próximas generaciones. Una sociedad que le gusta el poder político y lo conquista a través del clientelismo y muchas veces cometiendo trashumancia y delitos electorales solo para recuperar la inversión hecha para ganárselo. Una población enferma, mal educada, renuente a la asociatividad para resolver sus problemas, con bajos niveles de producción y capacidad adquisitiva y con pocas posibilidades de llegar a una vida longeva. Esa es la página que debemos pasar, tirando una línea divisoria que de paso al nacimiento dé un nuevo departamento. Un departamento con una brigada de valores y dirigentes, asociados y trabajando unidos, por una Guajira decente y digna para la percepción de los de afuera y los de adentro. Un departamento con buen nombre y buena imagen, con una reputación y prestigio a la altura de las pretensiones de las mayorías. Una guajira progresista, con una población bien educada, saludable y donde la corrupción y el dinero fácil sea cosa del pasado. Donde quede atrás esa imagen de una sociedad sin ley y corrupta, y que más bien, la población la destaquen por talento, mérito, experiencia y conocimiento. Un territorio con pleno apogeo de la explotación de sus recursos minero-energéticos, agropecuarios, del medio ambiente, del mar, el turismo, las energías renovables y los hidrocarburos. Con una infraestructura física y tecnológica adecuada para su despegue competitivo. Gobernada por quien tenga más pesos en la cabeza que en los bolsillos y con buena interlocución con el estado. Además, con un consejo de sabios y ancianos tirando líneas y marcando la hoja de ruta hacia el futuro y con pleno derecho a disentir sobre los mejores y más caros intereses del Departamento. Un departamento donde la cultura y el desarrollo caminen de la mano sin obstáculos.