La mujer en su día internacional

El prototipo de mujer en el firmamento de los católicos y ortodoxos se plasma en la persona de la Virgen María, madre de nuestro Señor Jesucristo. Desde los comienzos del desarrollo de la Iglesia en los primeros siglos, hasta nuestros días, la Virgen María ocupa un puesto relevante en el corazón, la devoción, la admiración de los fieles, quienes expresan su cariño y su amor a la Santísima Virgen María con oraciones, cantos, con fiestas patronales y sobre todo con la confianza de suplicarle se interese por sus necesidades. Abundan ciudades que llevan de alguna forma su nombre; millones de capillas y templos construidos para enaltecer sus virtudes, su santidad, su ejemplaridad. La devoción mariana es una realidad en la piedad de millones de feligreses.

La doctrina de la Iglesia respecto a la Virgen es abundante y han sido miles los estudiosos que han desentrañado de la Sagrada Escritura, de los santos Padres, de ilustres doctores, lo más profundo del ser, misión y actualidad de la Virgen.  En los cuatro Evangelios, los escritores sagrados nos han transmitido relativamente poco acerca de la Virgen, pero lo suficiente como para conformar los fundamentos de la voluntad de Dios que llamó a la Virgen a formar parte en su proyecto de salvación para todos los hombres, invitándola a ser la Madre del Verbo Encarnado. Ya, solo esta altísima inclusión, eleva la persona de María a una dignidad insospechada. Leyendo los santos evangelios captamos algo de su persona.

Sabemos por la visita del Ángel la forma cómo reaccionó con toda prudencia, sencillez y madurez ante el anuncio de hacerse madre del Mesías. En ese mismo encuentro se enteró de la maternidad de su prima santa Isabel y ni corta ni perezosa emprendió a toda prisa el largo camino para ir a acompañarla y ayudarla en las faenas del hogar. Este gesto resalta en ella el sentido familiar, la delicadeza femenina, la solidaridad ante la necesidad. Como esposa vislumbramos su unidad con su esposo José y los vemos juntos en los principales acontecimientos de la vida de Jesús:  en Nazaret, traslado a Belén para el empadronamiento por el censo, la búsqueda de lugar para vivir, el nacimiento de Jesús, su traslado y regreso a tierras de Egipto y su definitivo establecimiento en la población de Nazaret. Una vez que Jesús inició su misión evangelizadora, estuvo presente en las bodas de Caná, donde protagonizó el primer acto milagroso de Jesús al convertir, por su intercesión, el agua en vino. Luego, solo en dos momentos más, aparece el nombre de María.

En la pasión y crucifixión de su Hijo, la vemos al pie de la cruz, padeciendo lo indecible por las torturas que le infligieron. El escritor sagrado haciendo notar la presencia de esta madre, la retrata con estas palabras “permaneció de pié”, es decir con plenitud de conocimiento acerca del cumplimiento de las profecías en la persona de su Hijo. Ahora bien, es de notar la conciencia de María respecto a su misión, cuando delante de su prima Isabel, ora en voz alta y pronuncia ese himno llamado “magníficat”, himno que podíamos denominar una verdadera autobiografía. En el primer versículo reconoce la acción de Dios sobre ella. En el segundo evalúa su actitud humilde frente a Dios que la llama. En el tercero María manifiesta una profunda sensibilidad social, señalando   problemas humanos concretos y el destino doloroso de los pecadores. En el último versículo María es consciente de la historia de su pueblo que nace en Abraham y desemboca en su Hijo autor de la salvación. En Riohacha es diciente la presencia de María en la población. Todos sienten su destino ligado a la persona de María, la Virgen de los Remedios, la ‘Vieja Mello’.