La noche de ‘Happy Halloween’

Ya casi tradicional en nuestro país, fecha pasajeramente nocturna con una preparación casi de 30 días, despertando la imaginación de los niños, de los padres de familia y haciendo desembolsar unos cuantos pesos que agravan el gasto familiar, y que empieza y termina como las sombras que llegan y se van.

Controvertida entre comercio, críticos sociales, antropólogos analistas, feligreses de comunidades religiosas, sociólogos. Para el comercio es una oportunidad de oferta para ganancias esperadas. Para las vitrinas un motivo para salir de la rutina de todos los días con máscaras, telarañas, auyamas. Toda una tramoya.

Para los críticos sociales no es más que una expresión más de sentimientos reprimidos que reposan más en el ánimo de los padres de familia que en los niños, y esto ya es decir mucho. Es un diagnóstico del estado de los componentes de nuestra sociedad contemporánea: temores, miedos, angustias, sombras, imaginaciones, pero también retos, adrenalina, enfrentamiento a situaciones conflictivas. También la necesidad en los adultos de exteriorizar el mundo interior desde la ventana fácil del disfraz, con la connivencia de los demás. Es sentirse raro, distinto, anónimo. La fiesta de las máscaras no es exclusiva del Halloween, ya se celebraba en las opulentas fiestas palaciegas europeas. Esta costumbre también convive con las figuras sorprendentes del mundo del celuloide, del cine, que divierten en films donde los enfrentamientos bélicos se realizan entre máquinas o héroes fantásticos.

Para los antropólogos es un retrovisor al mundo del ancestro, es hacer el recorrido a través del cordón umbilical de nuestra existencia histórica, más allá del telón del tiempo donde realidades, mitos, ritos se confunden para hacer sentir la existencia del pasado y esto no es necesariamente negativo, pues aunque no queramos vivimos entre lo que somos, lo que fuimos lo que podríamos ser, es tratar de descifrar en los niveles conscientes, inconscientes, subconscientes, inframundo, submundos, son paréntesis para reubicarnos.

Para pensadores religiosos el “halloween” la festividad es el escenario donde la lucha es entre el bien y el mal, entre el espíritu bueno y el maléfico, entre la divinidad y el infierno, ángeles y demonios. Se plantea la moral, lo lícito y lo ilícito, lo angelical y lo corrupto, el ideal y lo perverso y seguimos dándonos cuenta que el problema no es infantil, sino el dramático vivir de los adultos. Todos se proyectan desde sus propias creencias, dependencias.

Para el sociólogo es la ocasión para plantear los extremos de la convivencia entre diversión y rebeldía, inocencia y destape, rutina y exasperación, normalidad y agresión, religión y superstición, paz y violencia, así de sencillo es confirmar la problemática de las opciones en la vida cotidiana. La celebración es disfraz, no realidad, es gozar y deliciosamente disfrutar de los caramelos, todos necesitamos endulzar la vida para sobrellevar la cruz de cada día.

En este “halloween” los niños son solo el instrumento distractor del quehacer, vivir, convivir, sueños y posibilidades del adulto. No es, por tanto, ni bueno ni malo. Son solo unas cuantas horas de celebración fugaz, es portal entre ficción y realidad.