La persecución satírico-política en nuestra guajira

La persecución es otra manera disimulada de corrupción, porque es el arte de molestar, hacer padecer o sufrir a sus semejantes; que por lo regular se acostumbra con mayor frecuencia en épocas de campañas políticas.

Careciendo en la mayoría de las veces, de fundamento y veracidad, sobre todo si se hace en contra de los nuevos valores, ignorando si éstos poseen o no, el sentir de la vocación tremenda que la tarea del buen gobernante requiere, con la suficiente dosis de cualidades que debe tener un verdadero político de conciencia ciudadana. Por tal razón si hacemos énfasis en las enseñanzas de la Biblia, encontramos que Jesús en uno de sus pasajes nos invita a reflexionar cuando dice: «Si en alguna ocasión fueres invitado a participar del banquete de los honestos, procura no sentarse en la primera banca, no sea que allí haya uno más honrado que tu».

Aunque parezca increíble la persecución satírica puede ser tan cruel como la inquisición española o en cualquier otro período de la historia. Lastimosamente tratar de evitarla en los pueblos, donde el ambiente político es demasiado tenso es un caso perdido, menos si se da a nivel local, regional y nacional. La interpretación denigrante e injuriosa que se le ha seguido dando a la política de conceptos no deja de ser errónea y las personas que la practican viven en un mundo irreal, porque no es otra cosa que el producto de su propia imaginación, gentes que no piensan lo que dicen ni lo que escriben, con el solo hecho de hacerle creer al más ingenuo que son ellos los que tienen la razón; lo que compromete muchas veces a personas respetuosas y humildes, tener que defenderse, por la sencilla razón que no solo ofenden al contrincante, sino que involucran a su familia y a toda una comunidad, utilizando una conducta de tipo satírico defensivo, no para resolver problemas sociales sino para ocultarlos en la adopción, que en este caso se denomina disociativa.

A mi modo de ver, pienso y entiendo que para hacer política de convicción hay que actuar con seriedad, sutileza, tolerancia y equilibrio, para que a la vez parezcamos espontáneos y naturales, sin ofender a nadie con mentiras, hablar poco pero sustancioso, puesto que se entiende muy bien que la gente prefiere acción antes que palabras.

En segundo plano están los que presencian y protagonizan el eventual suceso político, estos se deciden a favor de un candidato o en contra de él. Los que demuestran simpatía por aquellos que son criticados injustamente.

Otros tropiezan, caen y apostatan del administrador público que una vez defendieron. Los que apostatan en tiempo de campañas políticas, lo hacen para conseguir su propio beneficio y seguridad laboral, y hasta se dedican a dar falsos testimonios con tal de justificar su infidelidad política. Por lo que el máximo juez, que en este caso es el pueblo votante, pronunciará sobre ellos, la sentencia que merecen.