La peste… ¿se repite el milagro?

“Una mañana que me levanté temprano estando buenecito y sano salí a caminar mi rosa, al cabo rato sentí que me dio una cosa, una enfermedad furiosa que me estaba terminando, yo salí con dos hijitos para arriba y me dieron dos desmayos cuando iba, llegué a la casa y me acosté en una cama y allí nadie me llamaba, ni yo pude levantarme, ni un pasajero pa mandarle a decir a Carmen que Emiliano estaba grave que ya no se levantaba…”.

El aparte transcrito corresponde a la canción titulada ‘El delirio’ de la autoría de Emiliano Zuleta Baquero, la grabaron ‘Poncho’ y Emilano, vino en 1971 en el LP ‘Mis preferidas’ corte 5 del ‘Lado B’, la que sería su primer producción musical.

El silencio que hoy se siente en lugares tradicionalmente bulliciosos es diciente, el silencio es lapidario, la incertidumbre abruma a nuestros pueblos, es evidente que hay miedo, y lo que es peor, gente que parece gozar con el miedo de sus conciudadanos, que asumiendo la actitud del ave de mal agüero que sin escuchar lo que dicen los científicos anuncian por todos los medios que los peores días están por venir.

La noche del lunes 16 de marzo reciente pasado, después de haber terminado mi participación en ‘La polémica vallenata’ mientras me desplazaba por una solitaria calle de Riohacha, me tropecé de frente con la Virgen de Los Remedios a quien los riohacheros que tienen mucha confianza con ella llaman ‘La Vieja Mello’, era un solitario peregrinar, silencioso, lúgubre y dramático sobre el platón de un carro, no había música de viento, y no iba en hombros de sus fieles devotos y los oportunistas infaltables en su fiesta tradicional, a pesar del escenario triste y desolado, y lejos de la muchedumbre que la aclama el 2 de febrero, la verdad que desde que miré sus ojos no me quedó duda que estamos ante la posibilidad de que se repita el milagro, fue como si un bálsamo de optimismo se apoderara de mi corazón, recordé que ella durante la noche tenebrosa del 14 de mayo de 1633 ante una violenta tempestad, mientras los nativos aterrorizados la paseaban en procesión, asumió el control del mar embravecido que comenzaba a tragarse a la ciudad, y ya había llegado hasta ‘La calle de la platería’, fue cuando el fuerte viento la despojó de su corona de oro, y al caer el mar comenzó a retirarse llevándosela hasta sus aposentos, seguramente los agoreros del apocalipsis no creen en milagros, están en su derecho, pero yo si, por la potísima razón de que yo no alcancé a estar ese día para desmentir a quienes narraron lo que vivieron ese acontecimiento, del cual se han ocupado algunos historiadores, unos menos fantasiosos que otros. 

Cuando los medios de comunicación armaron el paraco porque habían detectado el primer paciente afectado por el maldito catarro en Valledupar, la misma noche recibí la llamada de mi amiga Mónica Ramos de que vive allá en el barrio Dangond para decirme que debía meterme a brujo, porque ella me sigue, y recordó que en mi cuenta de Twitter el 09 de diciembre de 2019 dije lo siguiente: “He puesto en manos del altísimo un sueño apocalíptico que tuve, me encontraba en el Centro de Convenciones Anas Mai de Riohacha cuando el mar comenzó a tragarse la ciudad, todos corríamos despavoridos y llegamos al colegio La Divina Pastora, y hasta allí llegó el mar”.

El mismo día escribí en la misma cuenta lo siguiente: “Presto mucha atención a mis sueños, hay que orar para que en los próximos días no sobrevenga ninguna tempestad social, o institucional sobre la tierra de ‘La Vieja Mello’, quedé impactado de ver el mar embravecido entrando a la ciudad, todos corríamos aterrorizados”.

Esa amiga me hizo caer en cuenta de la fatal de coincidencia, y hoy puedo afirmar ineludiblemente que aquel no fue un sueño sino una revelación de connotaciones premonitorias porque en los primeros casos de neumonía en Wuhan, en China, se presentaron entre el 12 –cuatro días después de mi sueño y 3 después que lo publiqué de acuerdo a los registros de la Organización Mundial de la Salud, no tengo duda que fui un instrumento de Dios para advertir lo que venía, afortunadamente no guardé silencio, ahí está, como dicen las Santas Escrituras, “Lo escrito, escrito esta”, quien lo dude que visite mi cuenta de Twitter.

No hay duda, de esta vamos a salir, así como se salvó Riohacha de lo que presumimos era un tsunami aquella vez, y también fue salvada la ciudad del asalto final que asechaba una noche ya pretérita cuando los españoles fueron espantados por lo que se ha dicho siempre que fue la aparición frente a ellos de la Virgen Reina Madre y venerada, de la mano de Dios, también vamos a salir de la peste que anda buscando a quien matar, el altísimo sabe que esta es una península abatida por muchas desesperanzas y por la impiedad de quienes para nada les importa el sufrimiento de sus semejantes, y viene a mi mente esa gente que el día que no trabajan no comen, la joven que nos colabora con las labores de mi casa, los atentos meseros de mis restaurantes preferidos, el señor que me lleva las verduras, las mujeres que desarman espíritus por sus buenas atenciones en “Sandors” mi peluquería donde me acicalan la cabeza, la gente que vive de la Radio que no encuentran a sus clientes, empresarios que tampoco les pueden pagar, cómo estará haciendo Julio, el muchacho que me cuida el rastrojito, persiste mi antojo por las arepas de bola que hacen donde ‘Yayo’ Torres y donde la ‘Vieja’ Julia Rodríguez Bolaños, extraño las entretenidas conversaciones en la casa de Enilfa Curiel ‘La Aguja de oro’ que con tanto esmero borda las guayaberas para que se vea bonito el ‘Nene’ de su madre, extraño el olor de mi pueblo que nunca cambia, el olor de mi vieja en su casa en Monguí, deseo visitar la tumba de mis viejos, a mis familiares y a mis buenas amistades y por su seguridad no lo puedo hacer, eso hace del actual un momento crucial, y les confieso que llegó a apagar mi inspiración para volver a escribir, fue como si el Decreto Presidencial me hubiera acabado la gasolina hasta hoy.

¡Oramos al altísimo para que este drama termine pronto, antes que nuestra gente pierda la calma y la esperanza, y la verdad, no sé hasta cuando puedo mantener controlada mi claustrofobia!