La peste… virus, la corona que nadie quiere

“En Villanueva, Urumita y en el valle desde La Paz, El Molino y San Diego, en el Tupe se consigue buen enfermo y la peste ha llegado hasta Manaure”.

El aparte transcrito corresponde a la canción titulada ‘La peste’ de la autoría del ‘Jilguero de la Sierra Nevada’ Guillermo Buitrago grabada en 1948 con su guitarra y su voz nasal y el acompañamiento de Ángel Fontanilla, ‘El mocho Rubio’ y Efraín Torres, la cual hemos recordado a propósito del alboroto que se ha armado por una peste mal cuidada.

No es para entrar en pánico, pero ese catarro descompuesto que anda buscando gente a quien matar preocupa, con el agravante que no se ha escuchado que alguien ha descubierto algún maranguango para conjurarlo.

La bolita del mundo está estremecida y con justificada razón porque lo que comenzó como una infección por consumo de sancochos de murciélago ha terminado como una peste indiscriminada que no respeta pinta, le cae por igual a los ricos y a los pobres, y no hay que descartar que la naturaleza ha reaccionado y decidido cobrarnos a todos lo que unos cuantos están haciendo afectando las fuentes naturales de vida.

En nuestra cuenta de Twitter el 11 de marzo reciente pasado, manifestamos lo siguiente: “Justificado y por elementales razones de prudencia se siguen aplazando y/o reprogramando los espectáculos con participación masiva, la organización de los festivales deberían colocar el oído al suelo, evaluar la situación y decidir”. Sin entrar en pánico, el ambiente esta pesado con ese comentario, muchos no estuvieron de acuerdo, pero con el transcurso de las horas, el tiempo me está dando la razón porque ya esa vaina la tenemos en los alares de la costa, y cuando en Cartagena estornudan a los habitantes de los demás departamentos nos llega el gripón, porque en esas vainas pasa lo que decía mi abuelo, que lo bueno es para el dueño, pero lo malo se reparte.

Escuchamos con mucha atención la alocución presidencial, y entre las medidas que se han adoptado está precisamente la suspensión de los eventos donde habrían de participar más de 500 personas, la verdad es que eso era de esperarse y corresponde a la necesidad que existe en este momento crucial de tomar decisiones de choque, incómodas, difíciles pero necesarias para la protección del derecho a la salud en conexidad con el derecho que tenemos a seguir viviendo, todos de justificada protección constitucional por ser fundamentales, imposible seguir como el avestruz con la cabeza enterrada para esperar que el peligro pasará, olvidando que la cola quedaba en peringueta.

Los efectos inmediatos de la medida que no ha debido sorprender a nadie, los Festivales Francisco El Hombre y de la Leyenda Vallenata son los primeros chicharrones que cayeron al caldero y pensamos que por su bien y el de la ciudadanía, en esos eventos donde la participación de la gente es masiva y con tantos provenientes de diferentes lugares cuando una peste anda desbocada, insistir en este momento en su realización no hubiera sido un acto responsable, es más, somos de los que pensamos que no han debido esperar que el señor presidente lo ordenara, esa suspensión, reprogramación o aplazamiento estaba más que justificada y desde la perspectiva civil, la fuerza mayor estaba probada de antemano, y por lo mismo la renegociación, suspensión, o terminación de los contratos en el estado en que se encuentran estaba soportada legalmente.

Hasta ahora no se ha conocido vacuna, ampolleta, supositorio, menjunje o pomada que pueda prevenir la peligrosa patología, pero me asiste la íntima convicción que ya nuestros campesinos saben cómo parar esa vaina, así como me decía mi abuelo que se detuvo en los pueblos del sur de Riohacha una peste de viruela que los pocos médicos que habían en aquel tiempo no pudieron curar, a este asunto toca meterle inteligencia natural, hay que consultar a aquellos que van a sus montes, tomando café cerrero y fumando el tabaco para que ninguna serpiente se les acerque, otros como el tío ‘Caco’ que reemplazaba el yeso que le colocaban a los fracturados por pencas de cáscara de los palos de puy, y sustituía los analgésicos y desinflamatorios por ungüento al mentol numero dos y ron de culebra ciega untado y tomado.

La verdad que no descartamos que esa gripa que ahora tiene nombre de reinado haya pasado por el pecho, el galillo y la ñata de todos nosotros por aquí con otro nombre pero ha sido rebautizada, seguramente se curaba con los jarabes de calabazo que hacían la Tía Negra en Monguí, Canducha en Cotoprix y que todavía hace ‘Mito’ quien heredó la formula de su madre fallecida, yo por si acaso ya mandé a preparar varias botellas bien reforzadas, lo dijo el Viejo Emiliano: “Como se dejan quitar los médicos su clientela, de un indio que está en la Sierra que cura con vegetales”. ¡Dios hará su obra!