La pluma y la verdad

La pluma es y será la antorche guía para el periodismo colombiano y en especial para los que profesamos como columnistas de opinión. El acervo cultural de nuestra amada guajira y en especial para los pueblos democráticos de nuestro departamento y del mundo entero.

Siempre llega a mi memoria la pluma de un periodista ecuatoriano llamado Juan Montalvo, quien por décadas se convirtió en el máximo exponente del periodismo americano y como en lontananza dejó muchas expresiones con su pluma que nunca han pasado de moda “un estado puede ser agitado y conmovido por lo que la prensa diga, pero también ese estado puede morir por lo que la prensa calle” y el periodismo en si ha tenido muchos cambios y en La Guajira donde ha sido neófito, los cambios han sido mayores. La pluma del escritor se transforma en la cristalina fontana. De un desenvolvimiento cálido florido y convincente. Luego lo más grande de este mundo. La verdad… Y cuando se habla de ella para el periodista siempre existen unos preceptos adheridos a esta bella profesión: su ética y su amor a este arte.

La Guajira a través de la historia ha contribuido con la pluma y la verdad a desenmascarar situaciones aberrantes en esta península que de forma embravecida se ha movido siempre como las mismas olas del mar Caribe que a ella la bañan. Esta tierra incógnita en la mayoría de las veces y exuberante para el pensamiento de nuestros compatriotas se ha lucido con plumas llenas de un verbo fehaciente y lleno de un colorido de verdad y transparencia, como por ejemplo como siempre lo expresaba Efraín Medina Pumarejo, la pluma endemoniada de esta patria bella. Más adelante la pluma que enalteció con su investigación y verdad como la del médico, historiador y escritor como lo fue Benjamín Espeleta Ariza, quien cambió la historia de Riohacha y demostró que su fundación se hizo el 14 de septiembre de 1545 por los perleros de Cubagua.

Pluma como la del ingeniero Ricardo Márquez Iguarán, que fue rica en léxico, en contenido y en vivencias, así como la de Orlando Vidal Joiro y la del antropólogo Weildler Guerra Curvelo, siempre dándonos cátedra de la historia de nuestra tierra. Sin olvidar la de Osvaldo Robles Cataño y José Manuel “yin” Daza Noguera, dos plumas excéntricas y llenas de un bagaje altruista en todo el sentido de la palabra. La pluma de ‘Pepe’ Palacio Coronado, catalogado como uno de los mejores cronistas con que cuenta La Guajira. El acervo jurídico de Martín Barros Choles y la pluma descriptiva, pero transparente en todos sus procederes de Alfredo Orcasitas Curvelo y una pluma costumbrista como la del abogado Luis Eduardo Acosta Medina, que se conjuga con la de su hermano, el exministro y economista Amylkar Acosta Medina, quien siempre nos da lecciones de macro y de micro economía colombiana, pero también con los análisis certeros de nuestras virtudes y de nuestras falencias en el campo regional y en el campo departamental.

Y en estos nuevos tiempos surgió otra pluma que siempre con la verdad, ha venido descubriendo lo que es el nuevo periodismo guajiro, como lo es el periodista y abogado villanuevero Ismael Darío Fernández Gámez, quien con su periódico Diario del Norte, muchas veces por decir verdades se ha ganado enemigos gratuitos porque informa de manera diáfana y no con refritos de los aconteceres de la península y muchos que siempre se creen vacas sagradas en este departamento, se han sentido aludidos en el informe periodístico de este gran diario.