La polarización del pueblo sanjuanero

Preocupa enormemente la polarización que se mantiene en el pueblo sanjuanero, aún después de iniciado este cuatrienio de gobierno con una administración que trabaja con voluntad insoslayable y de manera incansable. Con un mandatario que ni la pandemia logró ponerle freno a su compromiso por el desarrollo y el progreso de su pueblo natal. Indudablemente, que la polarización, la práctica y la gente son quienes se mantienen ahí y no sus líderes y dirigentes.

Se observa una comunidad expectante y prevenida, muy beligerante y con un concepto muy degradado del servidor público. Los conceptos siguen siendo divididos, unos reconocen y le dan valor a los esfuerzos humanos y administrativos del gobierno local de turno, mientras que, otro sector de la opinión todo le da igual y no ven nada nuevo. Pareciera como si unos líderes le apostaran a que al mandatario le fuera mal y nada le resultara. Es indiscutible que hizo carrera en el pasado la desidia y la falta de participación y cultura ciudadana en nuestro pueblo. La tolerancia estatal profundizó la desobediencia civil y falta de respeto y confianza por los bienes públicos. El robo, los atracos, la inseguridad ciudadana y el abigeato por todo el territorio han hecho que nuestro pueblo haya perdido la fe, la alegría y la esperanza. Son muy pocos los ciudadanos que creen en sus instituciones y en los servidores públicos, y por eso, no tenemos mejores contribuyentes para el recaudo de recursos propios y la inversión social. Pero la polarización se enfrenta es con obras, con realizaciones y ejecutorias, y no con discursos ni retórica y esa es la consigna del gobierno local.

El desafío es inmenso, pero lo que se puede soñar, se puede lograr, porque lo que cabe en la mente, cabe en el corazón, parece ser el reto del actual alcalde. Quien es consciente que hoy, la administración de lo público ha tenido unos cambios sustanciales, que van desde la modernización del Estado hasta la apuesta por mejores indicadores de bienestar de la población. Además, estos cambios demandan que el mandatario administre con preparación, con visión, con buenos equipos técnicos y administrativos y con compromiso, para lograr posicionar bien al municipio en el índice de desempeño institucional. Pero el pueblo raso, espera impaciente y con exigencias la focalización del gasto social en la solución de sus problemas, la atención de sus derechos y el cumplimiento del pacto colectivo hecho a través del programa de gobierno.

Por eso, los más sensatos se van convenciendo lenta y gradualmente según el reporte de avance en la gestión pública. Como es apenas natural algunos son conscientes otro no, que el primer año, no solamente es para organizar la casa y planificar el territorio, sino, además, para cerrar las venas rotas y organizar un portafolio de proyectos con el cual se le cambiará la cara al municipio, porque hoy, la gestión pública, es por proyectos de inversión. El alcalde le viene apostando a romperle el pescuezo a la polarización. Su gran compromiso es y ha sido, luchar por convencer a esa franja de opinión que con escepticismo espera ver el cambio y la transformación del municipio. Por eso, ha emprendido una cruzada por llegar a los territorios, abandonando las oficinas y los escritorios.

La crisis de la pandemia ha servido para demostrar de qué está hecho el mandatario. Mostrándolo tal cual como es y no como decían sus contradictores. Un alcalde que no se hizo elegir para desfilar por el trono y las camarillas del poder, sino que aspira pasar a la gloria.