La Policía debe modernizarse sin perder el poder constitucional

Varias máximas de crecimiento personal, otras de la sabiduría popular e incluso, piezas publicitarias tienen como contenido central el trabajo en equipo, o transitar para el mismo lado y crecer con equilibrio, y eso indiscutiblemente, con análisis simple o profundo, deja buenos resultados porque es hacer las cosas buscando el bien, buscando el control, o son acciones equitativas que al converger, dan mejores dividendos.

Este sencillo y manido preámbulo es para opinar sobre la propuesta de la Policía Nacional ya que en estos momentos está socializando el cambio de uniformes. No sé si cambiarán diseño, accesorios u otros aditamentos tecnológicos o de confort. Lo cierto es que están buscando mejorar, probablemente, la imagen corporativa.

Este anuncio de cambio fue motivo para un pronunciamiento de la senadora de Los Comunes, antiguas Farc, Sandra Ramírez. Ella propone que “para hacer más amigable a la Policía, más que el uniforme debe cambiar es la doctrina, los valores y fortalecer el tema de los Derechos Humanos”.

Visto así literal y dejándose llevar uno por los antecedentes, noticias, circunstancias en acción del servicio y la gran cantidad de actos de corrupción, de abuso de la fuerza y de la autoridad que se han publicitado, inmediatamente uno se engancha con esa propuesta de la senadora; y es que es atractiva y al final es posible que lo que queramos todos es  eso, una policía más amable, más amiga, más humana. Y si nos remitimos a otras latitudes del planeta donde existen cuerpos policiales con características operativas e institucionales como la nuestra, también quieren una policía así, pero en el fondo, y eso no lo podemos negar, queremos y necesitamos una policía que controle el desorden, que controle el vandalismo, que ponga orden y se haga respetar y al mismo tiempo, que tenga buen comportamiento, y también que por dentro erradique los focos de corrupción donde existan, así sea desde su dirección, cuerpo de generales, oficiales, sub-oficiales, cuerpo de patrulleros y administrativos civiles y policiales.

Yo particularmente, y me toca precisarlo con toda claridad, soy respetuoso, fomento, proclamo y vigilo la aplicación y cumplimiento de los Derechos Humanos. Es más, la injusticia o abusos de poder o de la fuerza, me descomponen, por lo tanto, lo que ahora comentaré no va a reñir con mi actitud y conducta de vida.

Lo que hemos vivido en las manifestaciones de protestas, en principio sanas, que se han dado en los últimos años, y los actos vandálicos que propician o se derivan de ellas, han suscitado debates y enfrentamientos entre el gobierno, la policía, algunos partidos políticos y diferentes actores de la sociedad civil. Ha habido pronunciamiento, recomendaciones de otras ramas del poder público colombiano, de entes internacionales relacionados con la preservación de los Derechos Humanos condenando muchos actos, al parecer, por aplicación excesiva de fuerza y poder, o por lo menos con resultados fatales al tratar de conservar el orden público y controlar brotes de vandalismos.

Estos debates han tenido como conclusiones que la Policía Nacional debe revisar los esquemas operativos para controlar disturbios, paraíso de equipos, llámense armas; para uso de la fuerza humana y mecánica y de dispositivos neutralizadores, entre otros elementos de defensa y control. Yo veo eso muy bien, que haya maneras y métodos técnicos y efectivos de controlar y aplicar esos procedimientos para contrarrestar a los vándalos, los malhechores y “los oportunistas e incitadores profesionales” que siembran violencia y destrucción.

Pero lo que no puede darse es que la Policía Nacional disminuya su capacidad de reacción y uso de sus elementos de control cuando la envergadura de las acciones delictivas, criminales y destructivas de los grupos de desadaptados, anti-sociales y pandilleros si se modernizan, crecen en técnica y tecnología vandálica, delincuencial y criminal.

Eso no puede ni debe ser así. Si la maldad, la sevicia y la criminalidad crece y se actualiza en sus formas de hacer mal y caos, y estamos pidiendo que los métodos y procedimientos, equipos y accesorios de la Policía Nacional se eliminen muchos, se dejen de usar o se usen con limitaciones otros.

Creo en la justicia y la paz, en la protesta pacífica, en la existencia de las diferencias, pero no estoy de acuerdo que la vida y bienes de los policiales y de la sociedad civil queden a merced de los delincuentes porque disminuimos la capacidad de respuesta de la Policía.

Que fortalezcan los principios, valores, doctrinas, procedimientos operativos y mentalidad pero que no dejen de defendernos y de defenderse, con contundencia bien aplicada.