La política, ¿servicio o industria?

Por Rubén Darío Ceballos Mendoza

Evidente es que inmerso nos encontramos en medio de una crisis sanitaria, económica y social de devastadoras consecuencia que amenaza con sumirnos en condiciones de mayor pobreza, hecho que obliga a cerrar filas como un solo hombre, estar alerta y hacerle frente a la tormenta que se avecina con optimismo histórico. Razón por la que es importante pensar, reflexionar y proceder en consecuencia y con sensatez de una vez por todas contra lo que se denomina hoy industria política, dados los excesos muchos que se cometen a diario en nombre de la democracia.

Traduce lo cual, vivir de la representación en unos casos; y, en otros, del aprovechamiento de quienes instalados en el poder viven de la politiquería que no política, misma que es un servicio, el gran servicio a la comunidad y la más noble tarea que persona alguna pueda ejercer; y, que debiéramos entender, a decir de Norbert Lechner, como aquella que tiene que ver con las “posibilidades”, es decir, el análisis político se centra en la necesidad. La política comienza a verse como la ciencia que puede “predecir, calcular, medir y ejecutar”. La política moderna incluyó la concepción. “medios – fines” creando las bases para el capitalismo a partir del siglo XVIII. Fue así que la política se constituyó en un instrumento válido para todos los sectores sociales que participen en la “cosa pública” y para la construcción del Estado Moderno.

Tales excesos, repudiables por demás, empiezan a convertirse en un disgusto y consecuente lamento en la sociedad civil, lo que determina que además de gestionar mejor, hay que ser más austero con lo público. En nada contribuye la industria política a hacer más eficaz la gestión en beneficio de los superiores intereses del pueblo y bienestar de las gentes, sino que ahonda necesidades tales como desempleo, más pobreza y desesperación. Bueno es comprender que a la par que el desempleo decrece, sueldos y nóminas políticas se incrementan, sin que llame a preocupación el combate de las contra las situaciones insostenibles. El malestar en la gente es latente, indicador que todo debe cambiar para bien, a fin que no se salga de madre ese “entripado”, lo que debe disponer a los detentadores del poder a cambiar para poner freno a los desvaríos que puedan sucederse y que ya los pesimistas ven venir.

De ahí que advirtamos que corrupción generalizada, inmoralidad, trampa, mentira, falta de honestidad en el discurso político, robo, saqueo sistemático y sistémico del erario público, genuino sentido de pertenencia y una clase política que no ha correspondido cabalmente como a todos consta a la solución de las demandas poblacionales que están haciendo que el pueblo pase factura para evitar los descalabros que se tienen, no sigan siendo en adelante obstáculo para potenciarnos como departamento en contexto de región y país, debiendo interesarnos en la búsqueda y procura de diversificarnos y crear medios para generar riqueza hasta ser un departamento para ser tenido en cuenta en suma con las riquezas naturales y el factor humano que poseemos, so pena de seguir sumido en las condiciones de atraso que registra de acuerdo con los índices e indicadores que así lo reflejan.

Nota Bene. No soy guajiro de nacimiento, más sí de geografía, historia y ancestros, como que parientes tengo en esta edénica tierra, razón, entre otras, por la que denote preocupación para esta península tan cara a mis afectos.