La responsabilidad de informar

Si la misión del escritor no es relatar grandes acontecimientos sino hacer interesantes los pequeños, el deber del periodista es darles a sus lectores una información completa e imparcial de los hechos y una opinión parcial sobre ello, porque se dan en un determinado tiempo y en un momento oportuno.

Con la llegada al país del erudito cubano Manuel del Socorro Rodríguez, quien dirigió la Biblioteca de Bogotá ejerciendo gran influencia en la intelectualidad colombiana a fines del siglo XIX promoviendo su conocimiento y experiencia; se fortalece la gran cruzada del periodismo. El siglo XX comienza a descollar ilustres y admirados periodistas, que por la lealtad a su profesión y asumir posturas comprometedoras por sus serias investigaciones denunciando hechos que atentaban contra la integridad democrática, el establecimiento, el taqueo a los fondos públicos y predecir las nefastas consecuencias que traería el narcotráfico; fueron víctimas de todo tipo de persecuciones, siendo algunos vilmente asesinados. Lástima que nos está correspondiendo vivir una época en que la ética y la imparcialidad de informar ha perdido credibilidad. Por fortuna aún tenemos en quienes confiar, como este medio que titánicamente y sin genuflexión se ha mantenido por más de 10 años. 

La información debe estar entre la equidad y la verdad. Siendo que la democracia no garantiza un buen gobierno, el periodista debe procurar que el político rinda cuentas ciertas de sus actividades fundamentada en sus funciones, porque cuando polarizan la sociedad, se entorpece el proceso de desarrollo y se crean conflictos sociales que obstaculizan la estabilidad democrática por la desorientación que producen en la opinión; por lo que es deber del periodista crearse métodos de concientización hacia la diligencia por el daño que le hacen al país. De ahí que el periodismo debe ser independiente, defendiendo en lo que cree y, con sus aportes, hacer posible que los colombianos tengamos una sociedad mejor informada. 

La responsabilidad de informar es algo serio, muy serio. A diario el lector se queja de los abusos y desorientaciones de algunos informantes, así como los que se someten en las redes sociales o los usuarios de las plataformas digitales, como lo que está sucediendo en las irresponsables entregas de la Pandemia Mundial ocasionada por el Covid-19, creando pánico y confusión, llegándose injustamente a estigmatizar hacer buling a personas y familias por presuntos contagios del virus, lo que es un crimen social. Del derecho a la libertad de expresión no se puede abusar ni ser arbitrario, hay que sopesar el daño social que puede ocasionar, hasta el extremo de generar estrés y pánico, enfermedad mental, que pueden ser más nocivas a la salud que el mismo Covid-19. 

En mi condición de periodista, actividad que ejercí por muchos años, llegando a ocupar la Presidencia de la Asociación de Periodistas Seccional Guajira y habiendo fundado el quincenario ‘Despertar Peninsular’ en asocio con los profesionales Orlando Vidal Joiro, Libia Peñaranda Romero y Alfredo Brito Vence; invito, respetuosamente, a los periodistas en ejercicio, que lo hagan basado en la verdad, y a la fuente de la realidad verificando los hechos antes de publicarlos; que lo hagan con equidad, transparencia, responsabilidad, imparcialidad y objetividad. Que lo hagan con ética e imparcialidad, en algunos casos no sean lisonjeros y en otros denigrantes. Que reflexionen sobre su verdadero papel protagónico socialmente, que no se practique el síndrome de la langosta. Que así como juntos estamos aunando esfuerzos para luchar contra el Covid-19, hagamos causa común para hacer frente a la inveterada estigmatización en que nos mantienen los medios de comunicación social del nivel central.