La señal de Jonás – mi testimonio

Hoy quiero manifestar mi testimonio personal acerca de mi camino en el llamado de Dios, decir que como Jonás, Dios me llamó para un propósito, pero como él, yo decidí agarrar en la dirección contraria, pero cuando Dios tiene un propósito con alguien como hizo con Jonás, puede estar escondido en el último rinconcito de este mundo, allá va Dios por ti, algunos venimos a este mundo no es con un propósito personal, venimos es por un propósito de Dios, tuve que pasar más de tres semanas y medias, más o menos encerrado en un cuarto, contagiado de estos que infecta al mundo como Jonás en el vientre de un pez, para tomar una decisión como Jonás, devuelta al propósito de Dios.

Quiero contar mi testimonio para que sea también un espejo si alguien quiere reflejarse, es un gran ejemplo de que Dios está siempre donde tú das un paso.

Todo esto comenzó en unos tiempos que ni siquiera quisiera acordarme, fueron momentos duros para mí, para mí casa, para mi madre, yo en ese entonces asemejaba como una fiera que defiende su territorio, era un gran problema de desadaptación social, encerrarse en un cuarto y muy poco salir, eso es malísimo, estaba en un mundo de desadaptación social que temía a aquellos que llegaban a casa, fueron momentos irrecordable para mí, pero también fue en aquellos tiempos que una hermanita en Cristo, bastante mayor que siempre pasaba por el frente de la casa y con una sonrisa siempre preguntaba por mi madre y me decía: “Dios te ama”; en aquel entonces como todos, solo pensaba en la bendición y no en la primogenitura de mi casa, además de eso podemos acompañar esa afirmación con esa desinformación que se tenía en esos tiempos de esos escogidos por Dios.

Muchas mentiras en forma de verdades deforma el pensamiento, sin embargo era tal la situación tan terrible que un día sentado en esa terraza y ensimismado en mi mente, me preguntaba mentalmente: “Quién será el que me saque de esto”, y como salida de la nada, la hermanita Carmen así se llama, apareció con un folletico, diciéndome: “Aquí está el que te puede sacar de esto”, fue tal el asombro ante esta respuesta verbal ante una pregunta mental, que desde ese momento comencé a pensar diferente acerca de estos escogidos por Dios, llamados cristianos evangélicos, pero también le soy sincero no fue fácil, mi primera ida a una iglesia de estos hermanos, me pesaban muchas cosas, entre las principales mi desadaptación social, el que me vieran entrar, por el concepto deformado que tenía y el mundo desconocido para mí.

Fueron dos horas de lucha en una esquina a media cuadra de mi casa, pero la verdad no tenía opción y me estaba resistiendo, al fin decidí, triunfó la sensatez, la voz de Dios, pero no agarré para la iglesia más cercana de la hermanita, sino que agarré para una más lejana fuera de mi barrio y tuve que coger taxi porque los pies no me daban, desde ese momento comenzó mi vida en el mundo cristiano, también tengo que decir que fue tanto el entusiasmo porque sentía la voz de Dios que me hablaba mediante su ungido el pastor, el cual en realidad no me conocía, acababa de llegar. Les cuento que a los 15 días me pasé para la iglesia más cercana de la hermanita Carmen que siempre me recibía con una sonrisa y siempre estaba pendiente de mí.