La toma de decisiones

En la toma de decisiones los seres humanos encontramos que siempre lo han tratado de explicar a fondo la ciencia, el arte y la psicología. Albert Camus, escritor francés de origen argelino, autor de obras como el Extranjero o la Peste, afirmaba que “la vida es la suma de tus decisiones”.

Los conferencistas y autores de varios libros y ensayos sobre la toma de decisiones Milko Ramsés González López y Richard Obuchi, profesores de planta del centro de mercadeo del Instituto de Estudios Superiores de Administración –Iesa– en Caracas, Venezuela, en debates suscitados en varios foros sobre Gerencia personal, Liderazgo y Negociación, afirmaron que: “Decidir es una función esencial del gerente, y de cualquier ser vivo para garantizar su supervivencia. En el estudio de las decisiones confluyen diversas disciplinas, desde la matemática hasta la psicología, y se encuentran diversos enfoques, desde el normativo (cómo se debe decidir) hasta el descriptivo (cómo decide la gente)”.

Así las cosas, aunque no soy gerente, pienso como los profesores citados y por supuesto como el escritor francés. Considero que si en este instante estoy investigando y escribiendo este ensayo para ustedes es porque hace varios años tomé la decisión de prepararme, estudiar, leer mucho y aprender a escribir.

Apropósito, se me viene a la mente una canción clásica de Rubén Blades: Decisiones: “Decisiones (Ave María). Cada día (Si señor). ¡Alguien pierde, alguien gana Ave María! Decisiones, todo cuesta. ¡Salgan y hagan sus apuestas Ciudadanía!” (léanlo cantadito) Desde el enfoque normativo –afirman los docentes– que se necesita de la intuición para ajustar la toma de decisiones. En cambio, cuando se toman decisiones dentro del enfoque descriptivo, se recurre a modelos formales y semiformales para entender y facilitar la toma de decisiones: “vinculado generalmente con procesos psicológicos, conductas e intuiciones, que trata de desentrañar, y a partir de allí mejorar, cómo deciden en realidad los seres humanos”.

Ambos enfoques son duramente criticados, el primero por orientarse al comportamiento de individuos aislados en contextos específicos. Y el segundo, por mantener supuestos irreales sobre el ser humano. Ahora bien, para un gerente, y para cualquier persona, es imposible procesar analíticamente todas las decisiones que debe tomar cada día porque administramos y vivimos intuitivamente.

Hace más de cincuenta años que el premio Nobel de Economía Herbert Simón señaló que “el ser humano tiene una racionalidad limitada, es decir, no puede manejar y procesar toda la información necesaria para tomar decisiones como supone el modelo racional y, por lo tanto, para resolver problemas debe conformarse con respuestas satisfactorias, aunque no sean óptimas”.

¿Han notado que son muchas las veces que nos arrepentimos de haber tomado una decisión? Pues la ligereza o hacerlo instintivamente nos trae más problemas que aciertos. Los modelos analíticos nos traen una serie de consejos dirigidos a mejorar procesos intuitivos al tomar decisiones: enfocarse y relajarse antes de hacerlo, diversificar la experiencia y sus puntos de vista, reflexionar, vigilarlos sesgos, no sobrecargarse de información u opciones, no actuar de manera impulsiva, ser tolerante con los errores, no enamorarse de sus ideas y por último, desarrollar una cultura de aprendizaje.

Para concluir, al decidir se ponen en juego todas las facultades humanas, sea en nuestra casa con nuestra familia, en la empresa o en el trabajo o los grandes líderes que toman decisiones que afectan a toda la humanidad. Hoy –como afirmaba Albert Camus– somos lo que somos como personas por decisiones que hemos tomado anteriormente. Por último, no podemos olvidar que lo que decidamos hoy con relación a nuestro medio ambiente afectará al planeta y a la supervivencia de generaciones futuras.