La unidad de los opuestos

Si algo bien claro nos ha dejado esta profunda crisis que ha vivido La Guajira por los hechos conocidos y los acontecimientos acaecidos en el año 2013 es que no deben existir ni vencedores ni vencidos.

La reflexión final debe llevarnos a mirar a lo alto, a la presencia de Dios como el único que rige y regirá nuestros destinos. Todo lo ocurrido no ha sido por casualidad, sino por causalidad como premisa fundamental del silogismo de causa y efecto. De que todo principio tiene un final, de que debemos de hacer un alto en el camino y analizar profundamente con la mirada puesta siempre de manera objetiva y no subjetiva que hemos hecho en bien del Departamento.

Si no aprendemos de nuestros errores, entonces todo lo que sucede y ha venido sucediendo será en vano. De los fracasos es que se exprime el éxito. De las meas culpas se genera el cambio y el advenimiento de nuestros usos y costumbres para generar nuestras actuaciones. El sabor amargo de todo lo acontecido es que la dirigencia política de la península hizo agua, tocó fondo. Imbuidos más en sus egos y en detentar un poder más que en solucionar los problemas que nos agobian. En mirarse más en el espejo del otro que en el de él mismo, en proyectar siempre el retrovisor y no en plasmar el panorámico y de ahí se desprende que todos somos culpables del desplome en que ha caído La Guajira a nivel de prestigio en el panorama Nacional. Bueno pero hoy este huracán está pasando. Si continuamos expiando las culpas ajenas, el futuro será más tenebroso y al final del túnel no habrá luz, sino más oscuridad.

Por ello en estos instantes debe primar la unidad de los opuestos. Es decir, debe reinar la tolerancia y el respecto entre todos. Cada uno trabajando en lo suyo, en sus metas y conquistas pero sin olvidar que lo más importante, lo fundamental debe ser La Guajira. Sí, La Guajira por encima del poder omnímodo y las ambiciones politiqueras de nuestros dirigentes que han colisionado no en sus ideas, sino en sus principios por la ambición desaforada de ese mismo poder y de allí se perdió la unidad de los opuestos y se volvió un caos por la misma mediocridad de los que no han podido manejar la crisis, donde algunos dizque dirigentes han querido entregarle el poder a personas extrañas del juego de la política departamental. Con tal de reinar ellos, así sea a costa de los intereses de la península y de sus habitantes a personajes siniestros de la vida nacional y regional, no importándoles su propia destrucción y de la invencibilidad de sus intelectos.

Lo único que salva a La Guajira por los duros momentos que está pasando y la crisis que hemos estado viviendo en todos los niveles es la unidad de los opuestos, civilidad política es lo que debe reinar para sacar adelante al Departamento, que ha recibido golpes arteros y certeros en su columna vertebral, como es la economía donde la regalías le fueron quitadas de un zarpazo por parte del Gobierno nacional y acolitados en un Congreso de la República con unas dosis de mermeladas en bien de ellos mismos y la prensa nacional que ha sido inclemente contra todos nosotros, como si fuéramos expósitos de la patria y renegados de una nación que ha brillado más en su institucionalidad en bien de ellos mismos pero en contra de este pedazo de patria que ha guardado siempre su gallardía y su patriotismo en bien de esa Colombia a la que hemos amado tanto, pero que ella nos ha odiado en la misma vía. Si la unidad de los opuestos se da, tomaremos un nuevo aire y habremos aprendido que la crisis nos golpeó pero también nos fortaleció. Dios los continúe bendiciendo. ¡Que así sea!