La urna de cristal, una idea transformadora

Lo que los riohacheros vimos en las elecciones de 2015 era la antesala de lo que sería la situación de ingobernabilidad y caos del recién creado Distrito. Fue esa la campaña política más costosa y derrochadora jamás conocida en la historia electoral de La Guajira.

El candidato ganador con más del 50% de los votos se paseaba por barrios y corregimientos con una mochila cargada de plata. Algunos críticos hablan de 70 millones en promedio diario. Podemos decir sin equívocos que ese proceder auguraba la tragedia que vino después.

El despilfarro fue tal que se llegaron a hacer varias fiestas populares con la presencia de grandes artistas como Mr. Black, Iván Villazón y ‘Poncho’ Zuleta juntos con whiskey incluido, todo gratis para el pueblo. El final de esa película fue el mayor desorden administrativo y la prisión para el díscolo alcalde que incluso, a pesar de mantener a Dios siempre en su boca, se hizo famoso por tener varias amantes en la administración distrital. Bien lo decía Carlos Gaviria Díaz “quien paga para llegar, llega a robar”

Es lo común en nuestro país la relación directamente proporcional entre el dinero invertido por un candidato para hacer campaña y la probabilidad de resultar elegido. Si se hace campaña con ideas, pero sin dinero, no es probable ganar las elecciones. En La Guajira es donde más, desde el fraude de 1992, no se ha elegido a ningún gobernador que no acabe implicado en procesos penales, disciplinarios o electorales. Y muchos son los partidos que han avalado a los gobernadores guajiros en estos 27 años, sin hacerse responsables por las sanciones que estos reciben.

Riohacha ha sido tal vez el lugar del país dónde se ha sufrido más de la tragedia de la corrupción. Sus indicadores así lo demuestran; es una de las ciudades con mayor pobreza multidimensional e informalidad. Paralelo a esto, hay un despertar ciudadano hacia lo alternativo, con excepción de las recientes elecciones atípicas donde los partidos y movimientos no lograron conectarse con los ciudadanos que claman por un cambio en el accionar político. Por el desprestigio también de los partidos políticos han surgido movimientos significativos de ciudadanos recogiendo firmas para avalar candidaturas populares.

Se ha hecho notoria en este proceso una idea brillante, transformadora, precisamente por partir del aprendizaje de la nefasta realidad concreta que vivimos en este periodo constitucional. En vez de un candidato con una mochila cargada de dinero mal habido avalado por un partido político desprestigiado, repartiendo plata a diestra y siniestra; hemos visto el pintoresco caso de un exconcejal de Riohacha avalado por más de 30.000 firmas ciudadanas que se pasea con una urna de cristal por toda la ciudad recogiendo recursos para financiar su campaña.

Es increíble ver que el mismo camino que recorrió el candidato derrochón del 2015, es recorrido hoy por un entusiasta movimiento ciudadano y que las personas más humildes que otrora le pedían efectivos y materiales de construcción al candidato y que difícilmente tienen con qué comer, depositen billetes de baja denominación en la ya famosa Urna de Cristal. Esto cambia el mensaje y la pauta que se le envía al elector, ya que ese movimiento no busca el apoyo financiero de los caciques tradicionales. Lo evita.

El solo nombre de urna de cristal es un llamado a la transparencia. Por otro lado, alejarse de los politiqueros tradicionales es el camino que abona la recuperación de la ética en el manejo de lo público y el respeto al patrimonio de los ciudadanos. Solo así se pueden reconocer los derechos colectivos, hoy negados por la exclusión originada por la corrupción, que te compra tu voto de diferentes formas y luego se roba la plata de la salud, del agua y peor, aún de los almuerzos escolares.