El fracaso de las naciones no es exclusivo de regímenes de extrema izquierda, la ruina y la debacle asolan por igual países donde se ha implantado la extrema derecha. Los extremos caudillistas desmantelan libertades políticas, arrasan con el progreso hasta implotar los países. Paradójicas, pero similares las actitudes y comportamientos de ambos extremos. Coinciden en la exaltación y el culto a la personalidad. Los dos proponen la construcción de una sociedad perfecta o utopía que justifica sacrificios, corrupciones, violaciones de derechos humanos, destrucción de libertades económicas desembocando en auténticas distopías. Colombia viene transitando una senda autoritaria peligrosa, arrebatos dictatoriales que sigilosamente socavan su estructura democrática, merodeamos una hecatombe institucional. La letanía y la litúrgica Castrochavista es un escupitajo hacia arriba. Mecanismo de proyección llaman en psicología. La perpetuación y obsesión por el poder otro rasgo distintivo.
Uribe y Chávez tuvieron la fortuna de contar en sus respectivos gobiernos con abundantes recursos provenientes de la bonanza de los commodities. Trascendido el espejismo inicial, sucediendo con el chavismo allá, ocurriendo con el uribismo aquí, por interpuestas personas, esos regímenes extremistas están socavando social, política y económicamente sus sociedades. Prerrogativas y usufructo del poder por la camarilla cercana al caudillo, el monopolio institucional abona y exacerba la corrupción, anula la transparencia, propicia una estructura tributaria regresiva, desincentiva la iniciativa individual, desalienta las motivaciones hacia la competitividad. Los aterradores niveles de corrupción han repercutido en el descenso en términos de competitividad, pasamos del lugar 61 en 2014 al 66 en el 2018. La corrupción desvía recursos y esfuerzos públicos, implica un enorme costo de oportunidad en términos de calidad y atención en salud, educación e infraestructura. La corrupción va aparejada con la debilidad del sistema judicial. La apuesta por la competitividad debe contar con una fuerte institucionalidad, el gobierno hace lo opuesto.
El Dane acaba de reportar que las personas en situación de pobreza aumentaron 661,890, mientras aquellas por debajo de la línea de pobreza extrema aumentaron 728,995. Un consolidado de 17,5 millones de personas en condición de pobreza extrema. El manejo económico y social durante la pandemia ha sido errático, contraproducente, el Gobierno descartó el estímulo a la demanda mediante una renta básica directa a los más vulnerables, optó por incentivar la oferta. Fuimos uno de los países de la región que destinó los menores porcentajes del PIB para atender la crisis. Con argumentos peregrinos prefirieron prestarle US 370 millones a Avianca, empresa extranjera, con sede en el exterior, la justificación: proteger e impedir la destrucción de empleos. La empresa acaba de anunciar que va a reducir su planta de personal de 20,000 a 14,000. Trasladaron alrededor de 9 billones de pesos para ser administrados por el poderoso sector financiero, supuestamente orientados a estimular a las micros y pequeñas empresas. Imperiosa ineficacia, debido a lo engorroso de la tramitología, a la incapacidad de los pequeños para cumplir con los requisitos y acceder, esas líneas crediticias terminaron en manos de grandes empresarios. La caída del 8,2% del PIB en Colombia superará al promedio regional que según el FMI será del 8,1%.







