La ‘Vieja Mello’, venerada y misteriosa

“Yo fui a Riohacha el día dos de febrero y esa ciudad me pareció bonita”.

El aparte transcrito corresponde a la canción titulada ‘Riohacha’ de la autoría de Armando Zabaleta, incluida en 1979 por los Hermanos Zuleta en el LP ‘Dinastía y folclor’.

Como el tiempo es inexorable, el salmón  Almanaque Pintoresco de Bristol, el del hombre que no se afeita desde que yo estaba muchacho, nos indica que estamos ya inmersos a partir de su novena en las fiestas patronales de la Virgen de Los Remedios, a la cual quienes tienen más confianza con ella coloquialmente le llaman la ‘Vieja Mello’, decía mi padre que es una fecha digna de una celebración entusiasta y que durante muchos años fue presidida en su ritual y los festejos por los Padres Capuchinos del Vicariato Apostólico y en la actualidad están a cargo de la Diócesis de Riohacha en las buenas manos de monseñor Héctor Salah .

El cirio debidamente bendecido por el señor Obispo llegará a las manos de la feligresía para encender la luz de la esperanza y renovar la fe en un futuro mejor, recuerdo que esa vela amarilla llegaba ineludiblemente cada dos de febrero a mi casa y mi vieja solo la encendía cuando algo muy grave estaba pasando, cuando había amenaza de tormentas, o cuando las tempestades amenazaban al pueblo cuando estaba lloviendo y sentía miedo, esa vela tenía para mi vieja un efecto psicológico efectivo, contundente y de fortaleza ante el peligro, por eso para ella tenerla en la casa al lado de un ramito de Ruda era trascendental.

No obstante que se ha pretendido darle otras connotaciones  a la fiesta patronal más importante para los riohacheros, los auténticos devotos de la Virgen asumen con la dignidad y el decoro que la ocasión demanda esa magna celebración, para ellos sigue siendo un día respetado y de recordaciones por los milagros que ella ha hecho y las historias misteriosas que sobre ella refieren reputados historiadores como el doctor Orlando Vidal Jairo, a quien en el actual estropicio de conciertos y champetas poco interesa escuchar pero tiene mucho que contarles y enseñar a las nuevas generaciones.

No pudieron los españoles encontrar una fecha más apropiada para rendir veinticuatro horas de alabanzas a la Dueña de los Remedios, así es porque es el día de la presentación de Jesús, el hijo de María y José, en el templo y la purificación de la Virgen, como lo cuentan sus acuciosos admiradores, ella llegó desde Santo Domingo hasta Riohacha para quedarse en obediencia a la orden real española y por voluntad del altísimo siendo el letrado Alonso de Grajeda, quien fungía como oidor de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada, el instrumento de Dios para traerla sana y salva a puerto seguro.

El fervor de su feligresía a pesar del paso del tiempo se ha mantenido incólume y presente en el imaginario colectivo. El recuerdo de las historias de situaciones militares y naturales que en 1663 marcaron para siempre con la imperecedera gratitud el corazón de los riohacheros cuando –se dice– que su súbita aparición propició la huida en desbandada de los piratas que se encontraban emparapetados en árboles y matorrales, muy cerca de la ciudad se preparaban para dar el asalto final invadiéndola a sangre y fuego. Igual fue en aquel año de divinos milagros cuando el mar embravecido comenzaba a tragarse a Riohacha y fue sacada en procesión por los creyentes y al dejar caer su corona hizo retroceder las aguas mientras sus olas volvían a la normalidad, repitiéndose el episodio bíblico de aquel tiempo cuando Jesús dormía en la barca mientras navegaban y el viento y la tempestad  amenazaban con el naufragio y al ser despertado por sus compañeros de infortunio cuando ya la barca se hundía y al colocarse de pie, reprendió la tormenta, mientras algunos se preguntaban quién era ese que hasta el viento y el mar le obedecían, cuando todo estuvo en calma, el les preguntó ¿Dónde está su fe? En la avenida Primera de la ciudad capital se encuentra la gran placa conmemorativa que nos recuerda el sitio del milagro de aquel día aciago para sus habitantes.

Tienen los fieles devotos de esa Santa milagrosa razones de peso para festejar en ese día especial, desde luego no hay que obligar a los demás que le cumplan las promesas o que juren lealtad ante ella, si dicha actitud no les viene de su corazón y prefieren guardar esa lealtad para ídolos de carne y hueso, pero bueno, cada quien sabe porque mata el grillo para sacarle el pito.