Las águilas no cazan moscas

Después de leer y escudriñar detenidamente la obra escrita por el periodista samario, Carlos Monnery Caiaffa, concluye uno que los seres humanos necesitamos tener un plan de vuelo como las águilas para sobrevivir en una sociedad cada vez más dinámica y exigente. Indudablemente, que este comunicador social y periodista, en su propósito de contribuir a incrementar el potencial humano con sus enseñanzas por el camino de la neurointeligencia, con su obra maestra nos pone a pensar de manera reflexiva sobre la enriquecedora aventura de la vida con sus desafíos a bordo. Enseñarnos a comprender cómo llegó el águila a convertirse en un símbolo de poder y la fuente de inspiración que su fuerza y valor representaron para antiguas generaciones.

De tal manera que, en el águila romana, se inspiraron las legiones y máquinas militares, conformadas por hombres fuertes y entrenados con disciplina para combatir con un esquema táctico excepcional.

Por eso, el águila representa una insignia de los estandartes romanos y aún se mantiene como un elemento importante y de gran valor cultural. La gran moraleja de este libro ‘Las Águilas no cazan moscas’, tiene que ver con aquel hombre de fuertes convicciones y con la mirada firme puesta en el futuro y en Dios, que no pierde su tiempo, ni se entretiene atendiendo situaciones ni personas tan insignificantes como las moscas, aunque esto parezca una alta dosis de vanidad y arrogancia.

Es decir, los hombres y mujeres que son más útiles que importantes, y eso los hace grandes, no deben quedarse en la minucia porque están llamados a luchar por un interés superior y no deben descuidar lo que es realmente importante para los mejores y más caros intereses de nuestra sociedad.

 No dejándose opacar la visión, porque muchas veces la miopía nos impide ver la inmensidad de árboles que hay detrás del bosque. Recordemos que el águila es mencionada muy recurrentemente en la biblia también como un referente cristiano de gran fundamento por su expresión de libertad en la forma como se eleva en las alturas, y por su vigor, fuerza y resistencia a la adversidad.

El único animal que se atreve a picotear un águila, es el cuervo, sin embargo, el águila responde a sus ataques, simplemente abriendo sus alas y elevándose en las alturas hasta donde el cuervo cae por falta de oxígeno.

Igual debemos hacer nosotros con la gente dañina y tóxica que quiere desestabilizarnos, llevándolo a nuestras propias alturas para que se desvanezcan solos. De allí que el autor quiera inspirarnos en las seis características del águila. Aprender de la visión del águila viendo más allá de lo evidente, viendo lo que otros no ven y encontrando siempre una salida al final del túnel en situaciones difíciles como la que vivimos hoy con la pandemia del Covid-19. La vista del águila divisa su presa a más de 3 kilómetros de distancia con un ángulo visual de 340 grados y puede girar hasta 270, en reposo o volando. Remontar el vuelo sin perder la visión como las águilas, nos permitirá ser un hombre visionario.

Aprender a enfocarse como las águilas, igualmente es tener claro que nos mueve, cuál es nuestra idea motivadora hacia el éxito, teniendo en cuenta que la vida cambia y el enfoque también, lo que nos obliga a ser creadores y emprendedores, imprimiéndole acción a las ideas, porque hay que hacer que las cosas ocurran y no esperar que solas ocurran.

Otra característica que debemos aprender del águila es el empoderamiento, la historia considera esta ave majestuosa como símbolo de poder, por su grandeza, fuerza y destreza, de ahí, que sea considerada el rey de las aves por su capacidad depredadora, cualidad que junto a su visión le permiten tener un amplio panorama.  Las águilas vuelan de una manera particular, por sus inmensas alas y su poderosa musculatura, alcanzando altura de más de 7.00 metros y velocidades hasta de 300 kms/hora, dejándonos la enseñanza de la calidad total como una obsesión en nuestro plan de vuelo.

Así mismo, el águila todo lo planea, recordemos que nunca hay viento favorable para el que no sabe hacia dónde va y por eso, es importante la planeación estratégica en nuestras vidas.

Finalmente, la resiliencia del águila para renovarse y seguir hacia adelante, hasta vivir 70 años, cambiando su pico y su plumaje, para volver a surcar los cielos con más fuerza y renovado, es otra gran enseñanza. Comprenden ahora porqué las águilas no cazan moscas.