Las botellas del paritorio

“Allá en Buenavista muy cerquita de Ayapel ya se ha propagado una planta muy divina, yo un día iba de paso y me tocó ver que muchas personas corrían a comprar raicilla, como Adriano Herrera le hace mucha propaganda y gritó en la calle la raicilla es la mejor, vienen multitudes de pueblos y la montaña a comprar la planta que sirve para el dolor, que sirve pa’ el hígado y el vaso señores, también pa’ el corazón y le cura en todo los riñones y tumores sin una operación”.

El aparte transcrito corresponde a la canción titulada ‘La Raicilla’ de la autoría de Luis Enrique Martínez, quien la grabó con su acordeón y su voz al final de la década de los 50, en esa canción se refiere a una planta que curaba de todo y en uno de sus apartes advierte que tiene efectos tan maravillosos que “al gordo lo adelgaza y al flaco lo pone superior”, hemos recordado esa obra musical porque parece que la historia se estuviera repitiendo y por eso ocupa nuestra atención, no se desesperen, tómense el traguito de café que ya les voy a contar.

Resulta que en días pasados llegué a adelantar una gestión en una famosísima institución con sede en la ciudad de Riohacha y pude darme cuenta que un grupo numeroso de mujeres se encontraban allí desatendiendo sus funciones para rodear con misterio digno de gitana echadora de suerte en callejón a un señor de evidente extracción campesina, ceremonioso, discreto y de fieltro ensombrerado, aunque la curiosidad es mala consejera, el tema me llamó la atención porque no es fácil encontrar oficinas publicas donde se le preste la debida atención a los ciudadanos de a pie.

Después de adelantar el tramite que motivó mi llegada hasta allá, me acerqué al grupito remolinado alrededor del curioso personaje y fue allí cuando me enteré que se trata de un señor de caminar ceremonioso, mirada de tigra en celos, experimentado, de buena medra y de la tercera edad que esta revolucionando con un ingenioso invento la medicina tradicional en los pueblos de la Troncal del Caribe. Resulta que el caballero a que nos estamos refiriendo prepara y vende una bebida especial para empreñamiento de mujeres, el nombre del exótico frasco es “Empreñador Reforzado”, una de sus clientas me contó que apenas se había tomado la mitad de la botella cuando por fin quedó con el calambuco full, con esa misteriosa botella está dejando sin oficio a los expertos en tratamientos de fertilidad; otra jovencita me dijo que estaba tomando uno de sus productos que tiene el sugestivo nombre de “Quiebra barrigas”, con el cual los cirujanos estéticos están quedando sin clientela repitiéndose lo que relata el Viejo Emiliano en “’l indio Manuel María’ cuando dice “Como se dejan quitar los médicos su clientela de un indio que esta en la sierra que cura con vegetales”.

Hasta ahora las botellas de brusco y bebidas más famosas las hacia ‘Mito’ en Cotoprix, pero he sido enterado que este hombre le “tumbó” la venta con sus productos de maranguango misteriosos, me cuentan que en su casa las mujeres que quieren parir y las que desean adelgazar hacen filas y se pelean los turnos para ser recibidas personalmente por el hombre sabihondo que está dispuesto a acabar con la infertilidad, y con las saporritas de la región.

No sé si lo que se dice es tan contundente como dicen las mujeres que quedaron “en cinta”, de lo que si estoy seguro es que la fe también es protagonista en estos casos, recuerdo que nos contaba mi abuela que en Monguí, don Telesforo Gutiérrez padre de don Uldarico Gutiérrez q.e.p.d. era curandero, y una vez estando en una parranda, llegó un paciente con un dolor en la parte baja del abdomen, él lo revisó y le pidió a ella que le prestara una aguja de coser, cuando la tuvo en la mano le metió un puyazo espantoso sobre la zona del dolor al quejumbroso, y le preguntó si había sentido alivio, aquel contestó afirmativamente, tomó un papel y un lápiz y le anotó para que comprara unos medicamentos, cuando el tipo se fue, mi abuela le preguntó, cómo hacía para curar, si él no era médico, este le ripostó: “Comadre no le preste atención a eso, si el me tiene fe ya lo curé, si no me me tiene fe se jodio, porque la fe es así, cura o mata” .

Bueno, mujeres que no han podido tener familia compren la botella, tómensela con fe, aprovechen si sus maridos todavía están útiles y esperen que el resultado saldrá a la vista del público. Como dijo ‘Poncho’ Zuleta ¡Que viva el maranguango!