Las crisis de guajiros son cíclicas en nuestro entorno

Hemos afirmado en múltiples ocasiones y espacios, que los guajiros nos hemos dejado robar la patria de manera impávida, hemos observado cómo llegan desde diferentes regiones del país grupos y personas que con menos capacidad y derechos que nosotros, se apropian de la tierra, los recursos y los proyectos de nuestra región, y en vez de ser cada uno de ellos un motivo para construir una región progresista y pujante, terminan siendo símbolos inmensos de explotación y sometimiento, ¿Quién nos robó las regalías?

No se necesita tener una memoria privilegiada ni recurrir a los libros de historia para convencernos de la certeza de esta afirmación; basta solo mirar la realidad que nos circunda y nos humilla; la última de las cuales, tan promitente como El Cerrejón o como Ballena y Chuchupa; el proyecto río Ranchería que se desarrollaba en los municipios de San Juan, Distracción y Fonseca, buscando ser la redención al eterno y cada vez más grave problema del agua, se ha convertido en una decepción inmensa y el motivo de turno para inundarnos el territorio de bogotanos menos capacitados que nosotros, pero cada vez más soberbios y altaneros. Se llevan nuestros recursos ¿es cierto que son gentes del interior, huyendo de la violencia y la miseria de sus regiones a La Guajira? No por ello es menos cierto que somos los propios guajiros unos por omisión y los demás por acción, responsables de esta aberrante situación que hoy nos aboca a un análisis serio y profundo y a una ya impostergable toma de posición si realmente queremos construir para nosotros y dejar para nuestros hijos, una Guajira pujante, propiedad de los guajiros. Sí podemos lograrlo.

Ese análisis y esa reflexión debe comenzar por determinar y denunciar frente a nuestras comunidades, quienes han sido y son hoy los coterráneos que se han asociado con los fuereños para quitarnos nuestra historia y condenarnos, no ya a cien, sino a mil años de soledad. Desenmascarar a quienes con cantos de sirenas algunas veces y con solapadas amenazas otras, se ha apropiado para su particular interés de estos macroproyectos y los han vendido, en contra del querer de la población; empresas a las que solo guía el interés de la ganancia económica y para quienes los problemas sociales de nuestra gente, referidos al medio ambiente, la salud, al desarrollo agropecuario, a la educación, etc., no revisten ninguna importancia, sabido que jamás vendrán a vivir a nuestro departamento, ahora vienen los mismos con el cuento Guajira Azul.

A estos políticos, ganaderos, agricultores y dueños de molinos de arroz, que han cambiado la heredad de nuestros mayores, las rutas de nuestra historia por un plato de frijoles andinos, debe La Guajira, pero especialmente nuestros municipios discriminarlos como traidores a la patria, para que la historia al juzgarlos, los condene por haber faltado a sus compromisos de dirigentes sociales y por haber utilizado la patria como pedestal para encumbrarse y nunca como el altar donde reposan el espíritu y las cenizas de los antepasados que la hicieron grande. Los ancestros de los guajiros.

Para que una Nación sea invadida y conquistada por otra, deben existir a su interior grupos sociales que faciliten y privilegien su accionar, hecho este que también ocurre para que una región, como sucede en la actualidad con la nuestra, sea invadida y conquistada por monopolios que colocan en alto riesgo nuestra existencia, no como personas sino como especie viva, una pequeña prueba de lo cual constituye lo sucedido con la apertura del túnel del Ranchería, que no solo envenenó a los peces sino también a las personas, pero cuyos efectos aún no empezamos a sentir. De no ser así, que Dios nos proteja con estas crisis cíclicas que vive La Guajira desde más de 20 años. Termino este humilde mensaje parodiando al mejor cantautor provinciano, Diomedes Díaz. Hay cosas buenas que a veces no sirven, hay cosas malas que pueden servir, hay buenos ratos que el hombre los vive y hay ratos malos que no tienen fin, los que vivimos los guajiros en medio de los problemas, salud, miseria, hambre, humillación, cenofobia patológicas, educación, vivienda, cultura y muchas fobias psicosocialmente.