Las crónicas del Valle de Upar: el copete mágico

El vocablo «copete», dentro de las diferentes acepciones, es el pelo levantado sobre la frente. Muchos han exigido en las peluquerías que les hagan copetes, y hasta la fecha solo cuatro, a nivel internacional, han tenido éxito: El de Alf, el de Donald Trump, el de Johnny Bravo y el de ‘Chiche’ Martínez.

Odalis González, una hermosa flaca, en los años 70, era el bollo del barrio Loperena. Su pelo azabache, sus radiantes ojos negros, su boquita pechichona, su cuerpo aguitarrado, la convertía en la Pocahontas wayuú, y tenía enloquecido a varios muchachos, entre ellos a ‘Papa’ Montero, quien, por coquetearle, se volteó en «el cagao», al coger muy rápido la curva para hacerle el pase a ella. Nadie tenía el secreto para enamorarla hasta que una tardecita, un muchacho que lucía tremendo copete, apareció en el vecindario y aquel, o sea, el copete, hipnotizó a Odalis. En esos instantes se escucharon tres disparos, «PUM…PUM…PUM», situación que alarmó al vigilante del barrio, pero la tranquilidad reinó otra vez, cuando advirtieron que el sonido procedía del corazón acelerado de la enamorada Pocahontas.

Ese muchacho flaquito, de ojos saltones, de lucido copete, era el ‘Chiche’ Martínez, quien andaba buscando una tienda para refrescarse y cuando vio a Pocahontas, su copete cumplió la misión, es decir, puso a esta linda morena a ver estrellitas hasta que ‘Tata’, su hermana, le jaló el pelo y la hizo aterrizar.

Desde entonces, el ‘Chiche’ descubrió que su copete tenía poderes mágicos, que hacía en él, un ágil acordeonero, además de atraer mujeres. Sin copete, el ‘Chiche’ pelaba pitos en el acordeón, la gente lo chiflaba y no encantaba hembras; pero, con copete, había metamorfosis, se le metía el espíritu de Luis Enrique Martínez y se volvía una fiera tocando, era el rey de las parrandas, hecho que aprovechó para ganar varias veces en el festival vallenato, menos en la categoría infantil cuando le ganó Yenis Cabello, precisamente porque concursó sin copete, solo por complacer a su tío ‘Chepe’.

‘Papa’ Montero se percató de los poderes del copete de ‘Chiche’ y consideró que, si él llegaba a tener uno, conseguiría enamorar al bollo del barrio. El ‘Papa’ tenía abundante cabellera y fue donde su amigo Yiga Manjarrez a consultarle la situación.

—Imagínate, Yiga, que Oda no me para bola, no sé qué hacer.

—Mira, ‘Papa’, me he dado cuenta que a ella le gusta el copete de ‘Chiche’. Por qué no te haces un copete bien bacano y así puedes competir.

—Sí, pero, cómo hago.

—Eso es fácil, ‘Papa’, en la tienda de la esquina venden unos artículos para el cabello. Pregunta por el producto «Copetín», que es buenísimo para hacer copetes.

El ‘Papa’ con la información del Yiga se fue contento a comprar el producto, pero como él, desde pequeño, ha sido sordo, al llegar a la tienda compró «Galupín», porque ese fue el nombre que escuchó, el cual es un herbicida potente para plagas de algodón.

Al llegar a su casa, se metió al baño y se echó el producto, mientras soñaba que comía helado en los Corales con Pocahontas.

Cuando fue a peinarse frente al espejo, notó que se le caía el pelo cada vez que se peinaba. A los 5 minutos había quedado calvo y desde entonces vio frustrada su intención amorosa y decidió ir por otros senderitos de amor, donde los calvos también tienen su fanaticada, hasta que logró cautivar a la bella Solfa.

Definitivamente, ‘Chiche’ no tuvo rival y con el flamante copete consiguió el tesoro del Loperena y desde entonces ha sido feliz con la flaca, construyendo un hermoso hogar.

El ‘Chiche’ es sencillo, noble, de buen corazón, buen amigo, excelente acordeonero, de una brillante escuela musical, la cual, desde pequeño, he admirado y ha sido el soporte que tuve en cuenta para aprender a tocar como él, pero, a pesar que progresaba, según ‘Chiche’, no he tenido su agilidad y él me dice, muerto de risa: «Colega, pa’ tener esa agilidad, tienes que echarte aceite de armadillo enamorao’ en los dedos y mandarte hacer un copete».