Las crónicas del Valle de Upar: ‘Guillermito’

En alguna ocasión, Drummond decidió otorgar becas estudiantiles para ayudar a la población infantil de escasos recursos de los pueblos mineros del departamento del Cesar.

‘Fello’ Araújo, en calidad de Gerente de Relaciones con la comunidad de dicha empresa multinacional, ordenó elaborar los respectivos formularios, con la finalidad de que los padres de familia llenaran la información indicada, pegaran la fotografía del hijo, firmaran el documento y lo entregaran en las oficinas de Drummond, para que ‘Fello’ y un grupo de colaboradores seleccionaran 100 formularios, los cuales serían los favorecidos del auxilio.

Al mes siguiente de haberse otorgado las becas, ‘Fello’ fue al Banco Ganadero a visitar a su esposa María Victoria —quien fungía de gerente de la sucursal principal de Valledupar—, para entregarle una hoja de vida. Abrió el maletín para sacar el documento y encontró varios formularios de las becas. Empezó —mientras Mary se desocupaba—, a examinarlos y vio la fotografía de un niño negro de cabello crespo y de ojos azules; enseguida, pensó: «Este pelao parece hijo de ‘Guille’ Castro con una negra del Paso…». Se sonrió de sus pensamientos y planeó una broma a Ana Rosa Ariza, la esposa de ‘Guille’ Castro. Enseguida, ‘Fello’ llamó a Clarita Manjarrez —funcionaria del Banco—, para que, de su puño y letra, redactara una carta del siguiente tenor:

«Señora Ana Rosita: Le escribe Marelvis Durán. Soy sobrina del acordeonero Alejandro Durán, nacida en El Paso (Cesar). Mi papá, Enrique, fue seguidor y amigo de la política de don ‘Pepe’ Castro, lo mismo que yo con su hijo Guillermo, cuando era candidato, quien varias veces estuvo en mi casa haciendo política y en una de esas, tuvimos un pequeño romance del cual nació ‘Guillermito’.

Créame, señora Ana Rosita, que no tengo interés económico. Simplemente, quiero que sus hijas conozcan su hermanito y para ello le anexo un documento con su foto.

Aprovecho la oportunidad para decirle, señora Ana Rosita, que apelo a su buen corazón para ver si es posible que me mande una ropita vieja para ‘Guillermito’, que Dios se lo pagará.

Se despide, con sentimientos de gratitud,

Marelvis Durán»

Una vez se redactó la carta, se introdujo con el formulario en un sobre de manila, y ‘Fello’ se lo entregó a ‘Pipe’ Díaz, un taxista amigo, para llevarlo a la casa de Ana Rosa Ariza, recomendándole que dijera que él estaba prestando un servicio expreso de El Paso.

Eran las 4:30 de la tarde cuando el taxista llegó a la residencia de Ana Ocha. La encontró refrescándose en un mecedor al frente de la casa, le entregó el sobre y se despidió. Ana Ocha —intrigada—, abrió el sobre y al ver que había una carta dirigida a ella, buscó las gafas y la leyó varias veces porque se resistía creer su contenido.

Como a las 5:00 p.m., ‘Fello’ convidó a María Victoria a visitar a Ana Rosa, para ver cómo había reaccionado a la carta. Al llegar, se dio cuenta que estaba en la terraza de la casa contigua, cuchicheando con su hermana Consuelo. ‘Fello’ las llamó, pero solamente bajó Ana Ocha, con un gesto en su rostro que indicaba que estaba enterada de la carta.

Casualmente, ese día Ana Ocha y ‘Guille’ estaban de aniversario porque cumplían 40 años de casados y ella había preparado una lasagna «tres quesos» para compartir con ‘Guille’. Ana Ocha sacó dos sillas rimax para que ‘Fello’ y Mary se sentaran y expresó:

—‘Fello’, ¿te provoca lasagna?

—Bueno —respondió—, pero un poquito…, porque estoy a dieta.

—¡Nada de poquito!, ¡Voy a darte toda la bandeja! Mientras tanto, ella pensaba:

«’Guille’ cree que soy pendeja…, ahora se jode, no le voy dar comida por sinvergüenza…, que se cree, que tal que fuera bonito…, que se lo coma todo ‘Fello’ porque al menos me quiere…». Mientras pensaba la represalia que merecía ‘Guille’, fue a la cocina y le trajo la lasagna completa a ‘Fello’, con una copa de vino francés de Borgoña: Henri Jayer Richebourg, una canastilla llena de pan francés caliente que había encargado a «La Baguette», la mejor panadería de Barranquilla y un juego de cubiertos de plata alemana, que había pertenecido a su bisabuela Rosarito Iguarán.

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