Las crónicas del Valle de Upar: la camisa de bolas

En época universitaria, Yinye Ruiz, ‘Turo’ Quintero y ‘Papi’ Zuleta decidieron viajar de Bogotá a Cali, en un Renault-4 de Turo, para visitar a Tuma Garcés, distinguido abogado vallenato, muy apreciado por sus amigos por sus altas calidades humanas y profesionales, casado con Graciela Hernández Villazón, quien reside en dicha ciudad, desempeñándose como notario público.

‘Papi’ Zuleta organizó su ropa en una maleta mediana. Metió una camisa de algodón fina, de color blanco con bolas negras, que su cuñado ‘Nando’ De Luque le había obsequiado en las festividades de la Virgen de los Remedios, celebradas en Riohacha un 2 de febrero.

Después de atravesar la Línea y largos tramos del Tolima, Quindío y Valle del Cauca, llegaron a la casa de Tuma, en Cali, quien los recibió con una deliciosa cena que preparó Gache. Luego de comer el postre, se reunieron en el cómodo estudio de la vivienda.

—¡Muchachos! ¿Cómo han pasado? —Expresó Tuma con entusiasmo.

—En realidad, este viaje es agotador. Estamos cansados, pero contentos de estar aquí contigo —respondió Yinye.

—Quiero que descansen y se relajen porque, mañana viernes, les voy a presentar tres amigas de doña Flor Grajales, la presidente del Club de Jardinería «Pétalos del Rosal». No podré acompañarlos mañana por un compromiso ineludible que tengo con Gache

—Señaló Tuma.

—¡Listo! Descansemos para conocer mañana a las amigas del jardín botánico de doña Flor —dijo ‘Papi’.

Al día siguiente, Tuma les dijo a sus amigos que se cambiaran ligero porque a las 7 de la noche iba a presentarles las amigas. ‘Papi’ sacó la camisa de bolas y se la enganchó, ‘Turo’ y Yinye se pusieron camisas fosforescentes que estaban de moda.

—Si hay alguna monita, ¡me la pido! —Exigió ‘Papi’, oloroso a María Farina.

—No te preocupes, Helio Rafael, que las caleñas son como las flores, todas son bonitas y risueñas—dijo ‘Turo’.

—¡No canten victoria antes de tiempo! Esperemos con qué nos sale Tuma —Señaló Yinye, un poco escéptico.

—¡Ustedes parecen unos farolitos de motel! —Dijo ‘Papi’, muy sonreído.

—¡Que vai hablá! Y tú con esa pinta te pareces a Gavirol. —Respondió ‘Turo’.

Después que cherchearon y cenaron, Tuma los llevó al sector de las discotecas donde esperaban Andreina, ‘Mimi’ y ‘Pacha’ y se las presentó a sus amigos vallenatos. Una vez se saludaron, Tuma se excusó y se despidió del grupo.

—Andreina, nosotros no somos de aquí. Queremos bailar con ustedes. ¿A cuál discoteca les gustaría ir? —Preguntó ‘Papi’, muy amable.

—¡Mirá!, ¡ve!, ¡vos no te preocupés! ¡Cali es Cali…, lo demás es loma! —Exclamó la flaca Andreina, con los ojos espernancados.

En el sector donde se encontraban había 15 discotecas, 12 bares y 6 tabernas. Andreina, la líder de las mujeres, los llevó a la discoteca «El burro de Caín». Yinye, ‘Papi’ y ‘Turo’, observaron cuando el portero se saludó confianzudamente con Andreina y sus amigas con el típico «Meto» de parceros viejos.

Andreina era una monita alta, delgada, de ojos grandes, esnalgá, con un lunar peludo en el cachete derecho. ‘Mimi’, era gordita, tetona, bastante morena, pelo ñongales y ‘Pacha’, era de tez blanca, pelo liso de color negro, con bozos asomados y viscosidad estable, es decir, viscorocha. Las tres estaban vestidas con blusas de color negro, minifaldas y botas largas. En realidad, parecían sicarias del bajo mundo. Tenían en común, que trabajaban en el bar «Mis polluelas», que administraba doña Flor Grajales, vieja amiga de Tuma. En otras palabras, tres mujeres expertas en el arte del buen dormir, además, generosas y complacientes, que Tuma había contratado para alegrar a sus amigos.

Ingresaron y se sentaron cerca de la pista de baile. ‘Papi’ estaba al lado de Andreina, Yinye de Milena y a ‘Turo’ le tocó la visca.

—¡Mirá!, ¡ve!, Rogelio, ¡traénos una porcioncita de periquito! —Exclamó Andreina a uno de los meseros.

—¡Enseguida!, ¡bombón de azúcar!

Tan pronto el mesero llevó el pedido, Andreina les ofreció a Yinye, ‘Papi’ y ‘Turo’, pero estos, sorprendidos, manifestaron que no consumían esa vaina, sino aguardiente antioqueño. Andreina y sus amigas se blanquearon la nariz y expresaron que no iban a tener sexo con unos pelagatos que no se comportaban a la altura de las circunstancias. Se levantaron al baño y como había transcurrido más de 15 minutos, Yinye se desanimó y consideró que debían regresar a la casa de Tuma. ‘Turo’ asintió, pero ‘Papi’ dijo que se quedaba porque él tenía que coronar a Andreina.

Al llegar a la casa, Yinye y ‘Turo’ se acostaron, pero no podían conciliar el sueño preocupados por la demora de ‘Papi’. Eran las 12 de la noche, la 1, las 2. A las 3 de la madrugada se levantaron para verificar si ‘Papi’ había llegado y lo encontraron enroscao debajo del comedor, en una señora pea que no se pertenecía y lo único que dijo llorando, fue: «¡Ese Tuma es un desgraciao, nos presentó unas coyas feas del cártel de Cali…, no me lo dieron…, me emborracharon…, me pegaron un chicle en la cabeza y miren el poco de huecos que las mal paridas esas hicieron con cigarrillo a mi camisa de bolas!».