Las crónicas del Valle de Upar: Satanás y Demoledor

‘Poncho’ Zuleta cuando está contento es el hombre más generoso del mundo. Ofrece de todo. A Diomedes Díaz le ofreció un caballo, y a muchas personas de sus afectos siempre les ofrece algo, como aconteció con ‘Tuto’ Castro, en la finca ‘Mi Salvación’.

—‘Tuto’, hermano mío, hace mucho tiempo he querido tener un detalle contigo y creo que ha llegado el momento.

—Gracias, ‘Poncho’.

—Tengo un par de mulos hermosos que le compré a Alcides Arregocés y quiero que sean tuyos. Vamos al corral.

‘Tuto’ estaba emocionado con el regalo ofrecido. Se puso la gorra y se fue con ‘Poncho’ al corral y encontraron dos mulos negros amarrados.

—‘Tuto’, éste mulo se llama ‘Satanás’. No te asustes por el nombre. Chide me dijo que los trabajadores le pusieron ese nombre por su color negro. Aquél se llama ‘Demoledor’. Chide me informó que el nombre obedece a su resistencia, es decir, que hace el trabajo más rápido; es un demoledor del tiempo.

—Tienen buen tamaño.

— ¡Por supuesto!, ante todo pedigrí. Son de lo mejor de la cría de Alcides Arregocés. Son hijos de burros catalanes con yeguas cuarto de milla. Claro está, que debes terminar de amansarlos. Todavía están un poquito cerreros. Llévatelos cuando quieras. Es un regalo de todo corazón para dignificar y estrechar más la bella amistad que nos une y espero sean de tu agrado y puedas cabalgar en ellos en tus potreros. Esos mulos —según Chide—, donde ponen sus huellas no nace la hierba.

Ante dichas palabras, ‘Tuto’ y ‘Poncho’ se abrazaron fuertemente y regresaron al quiosco donde departían con otros amigos y familiares.

‘Tuto’, aprovechando que estaba acompañado del administrador de su finca, le ordenó que se llevara los mulos.

‘Poncho’ no dejó ir la visita y mandó preparar un sancocho. Estaba contento con ‘Tuto’ y sus amigos. En eso se acercó un trabajador con los dos brazos enyesados, llamó a ‘Poncho’ aparte y le dijo: “Patrón, yo soy el que tumbó ‘Satanás’ ayer. Afortunadamente, me partí los brazos y me rompí tres costillas. Voy a Valledupar a control médico y a visitar a ‘Pacho’, el otro trabajador que tumbó ‘Demoledor’, que se partió la clavícula, tiene dos lesiones en la columna y una pierna partida”. ‘Poncho’ le dio doscientos mil pesos y lo despidió.

—¿Qué pasó? —preguntó ‘Tuto’—

—Lo atropelló un mototaxista en Bosconia. Cómo te parece. ‘Tuto’ no malició y siguió conversando con los demás mientras ‘Poncho’ despachaba al señor herido.

Al otro día, tuto se despidió de ‘Poncho’ y se fue para su finca. Al llegar, ordenó al administrador que amansaran los mulos negros y se marchó a Barranquilla.

A la semana siguiente, ‘Tuto’ regresó a su finca y encontró cuatro trabajadores enyesados, con vendas en las cabezas, ojos hinchados y muletas. Enseguida se alarmó y llamó al administrador.

— ¿Qué pasó?

Vea patrón, esos mulos son unos diablos.

— ¿Cómo así?

—Esos animales son demonios disfrazados de mulos. Vea, señor ‘Tuto’, yo vi todo lo que hicieron. Daban vuelta de carnero, se levantaban y saltaban tirando las patas pa’ todos lados, se chocaban contra las varetas y volvían a tirarse y se revolcaban de una forma extraña. De vaina no hay muerto, señor ‘Tuto’.

‘Tuto’, sorprendido de la información y del hospital que encontró en su finca dijo: “¡Maldita sea!, quien me mandó recibirle esos mulos a ‘Poncho’. Ese muérgano no cambia”.