Las falsas y peligrosas encuestas

Las encuestas electorales poseen una larga trayectoria que implica la idea de que debe ser un instrumento de investigación válido y confiable. Sin embargo, pesa sobre ella su falta de capacidad predictiva y la influencia que ejerce sobre su mismo objeto de investigación. Las encuestas no presentan un gran potencial predictivo, convirtiéndose en un mero entretenimiento y en ocasiones financiadas por políticos interesados en mejorar su imagen con la connivencia de los consultores.

El argumento más fuerte en algunas campañas para la difusión de resultados de las encuestas se basa en la creencia de que la abierta difusión de encuestas produce fuertes y decisivas inclinaciones del voto para aquellos electores indecisos, operando estas influencias como manipulaciones y contaminando al libre albedrío del votante.

Sin embargo, solo puede especularse con que las encuestas están en condiciones de orientar opiniones, actitudes y conductas pero en realidad, es la publicación de sus resultados en un medio masivo de comunicación lo que puede tener alguna incidencia sobre el comportamiento de los ciudadanos. Ahora bien, la publicación de un pronóstico electoral surgido de un sondeo de opinión, especialmente en medios masivos como la prensa puede provocar una toma efectiva de posición en un público indeciso, o un cambio en la opinión ciudadana, lo que implicaría dar lugar a consideraciones poco sanas acerca de la capacidad de la masa electoral para elaborar sus propios juicios, otorgándose a los medios un poder manipulatorio de la opinión pública, lo que generaría una encuesta como arma propagandística donde los candidatos utilizan a los medios para anticipar una opción ganadora respecto a las expectativas, de los cual muchos indecisos se apuntarían al supuesto “caballo ganador”.

La polémica no es exclusiva y podemos encontrar dos casos importantes o llamativos como el ocurrido en el Reino Unido y en el referéndum sobre el Brexit en el 2016, las encuestas anticipaban la pertenencia a Europa y el resultado fue contrario y en las elecciones a la presidencia de Estados Unidos las encuestas anticipaban que Hillary Clinton ocuparía la Casa Blanca, pero fue el candidato republicano Donald Trump quien ganó la Presidencia. Todos estos fracasos hacen más relevante y oportuno un análisis sobre las encuestas y la intención del voto.

En ningún momento afirmamos que exista sesgo intencionado, lo que significaría manipulación, nos limitamos a señalar una conclusión que se extrae de las encuestas realizadas hasta el momento para las elecciones del 27 de octubre. Es cierto que las encuestas influyen en las decisiones de los votantes. La posibilidad de medir la opinión pública transformó la forma como los ciudadanos hacen los cálculos para escoger a los gobernantes y por lo tanto el propio concepto de democracia.

La creencia generalizada indica que el candidato puntero obtiene ventaja porque el oportunismo del ciudadano promedio lo induce a apostarle al “caballo ganador”, mientras se ve mermada la autonomía del elector. Según este argumento, el refrán popular de que “Vicente va para donde va la gente”, o efecto bandwagon en la terminología técnica, terminaría por contaminar el proceso electoral y en esa medida los sondeos o las encuestas serían antidemocráticos e indeseables.

A decir verdad, no hay necesidad de “creerles” a las encuestas porque la estadística es una ciencia, y como toda ciencia puede y debe prescindir de la fe. Lo realmente importante es poder controlar su calidad y para este fin no hay nada más eficaz que las verdaderas encuestas son el día de las elecciones, así se fortalece ese grado de libertad a los electores.

Estas encuestas que andan en las redes y en los diarios son patrocinadas por dos campañas distintas, la una dice que “X” va punteándola y la otra dice que “Y” la va punteando, es lo mismo que quien organiza una fiesta y contrata una orquesta para que se la amenice, le exige al director de la orquesta que allí solo se escucharán las canciones de su preferencia.

No será que el abogado Martín Barros Choles en su artículo del 3 de octubre del presente año tenga razón al afirmar que puede haber sorpresa electoral en La Guajira. Amanecerá y veremos como dijo el ciego.