Las fusiones: pecado y redención en la música vallenata

Nada más rechazado y vilipendiado y a la vez gozado en la música vallenata que las fusiones. Estigmatizada por puristas y aprovechada por los músicos de varias generaciones; satanizada por gurúes vallenatólogos pero bailada y disfrutada a saciedad por los millenials. La fusión es el pecado y a la vez, redención para el vallenato.

Si bien hay posturas discursivas férreas, como la de Jorge Oñate, quien llegó a decir que el artista que lo invite a grabar un feat de reguetón le da una trompada, en la práctica la fusión ha sido una recurrente práctica en el género vallenato y el mismo Oñate es muestra de ello. Canciones como ‘Bailando así’, ‘Rosalbita’, ‘La rumbera’, ‘La estapá’ y una casi incontable lista de mosaicos de música corralera así lo evidencian.

A inicios de los 60 entre José ‘Cheito’ Velásquez y Rubén Darío Salcedo fusionaron el paseo y el bolero en el pasebol, más tarde Calixto Ochoa combinó paseo y jalaíto en el paseíto; a finales de los 70 el Turco Gil creó el paturki, en los 80 se comenzó a imponer la tamborera como fusión de paseo y expresiones de baile cantao; Vives impuso en los 90 el vallenato pop, el Binomio de Oro unió el paseo y la cumbia en el chacunchá; el mismo Binomio y ‘Juancho’ Rois ofertaron el vallerengue mientras Miguel Durán y su hijos crearon lo que llaman fanderengue o música chiquilera (escúchese ‘La camisa rayá’ o ‘El trago gorriao’). Últimamente la nueva ola ha fusionado el vallenato con la champeta, el reguetón, entre otros géneros urbanos. Ha habido intentos de fusionar el merengue vallenato con el pasaje llanero: lo ha hecho ‘Beto’ Zabaleta (‘Lazos de hermandad’, ‘La mitad de mi vida’).

Muchas personas que cuestionan la recurrente práctica de la fusión se les olvida que, en gran parte, el posicionamiento nacional e internacional del vallenato viene de la mano de su enorme potencial poroso. El vallenato se convirtió en la música hegemónica del país desde los 90, y lo hizo justamente por su capacidad para negociar con otros gustos musicales, no tanto por su esencia tradicional sino por fusionarse, permearse. Su posicionamiento en los carnavales de Barranquilla tiene que ver con la tamborera y ese formato de vallenato carnavalero; en las grandes ciudades del país y sus discotecas por el vallenato pop carlosvivesco, en la zona andina del país y parte de Venezuela y México por ese formato sensiblero y de despecho de Los Chiches, Los Gigantes, Los Inquietos, Los Diablitos y otros grupos; a la sabana por el pasebol, paseíto y la apropiación que ha hecho el vallenato de la música de los Corraleros de Majagual. Es paradójico que muchos quieren que la música vallenata se tome el mundo sin mezclarse ni aclimatarse a los gustos regionales, son esas interinfluencias las que mantienen vivo y dinámico al vallenato.

Sergio George, el gran productor y arreglista de Marc Anthony dijo hace poco: “Si la salsa no se fusiona, va a desaparecer”. Para muchos, el porro decayó porque no tuvo un Carlos Vives o un Israel Romero que lo conectara con otros géneros. Por su parte, el vallenato es la música más apropiada para ser fusionada en Colombia. Pese a las críticas, destacados logros musicales, ha ofrendado el vallenato en comunión con el reguetón como el éxito ‘Llamado de emergencia’ de Daddy Yankee, los feat que ha grabado Silvestre, ‘Pipe’ Peláez y canciones como ‘Más de lo normal’ y ‘Perdóname’ de Churo Díaz.

‘Que me beses’ de Kavras con Kevin Flórez o ‘Carnaval de amor’ de Peter Manjarréz con Bazurto All Star son fusiones bien logradas con la champeta. ‘Esta vida’ es un punto alto de encuentro con el guapango mexicano de Jorge Celedón y ni se diga de la altura musical de las fusiones del grupo La Provincia de Carlos Vives en canciones como ‘La cartera’.

En gran medida, es esa capacidad de negociar y dialogar con otras músicas, donde reside la razón del posicionamiento del vallenato, sino fuera así, no habría conquistado a Colombia y otros países. El vallenato es la mejor música colombiana para fusionar, ese “pecado” es su oportunidad de redención.