Las transformaciones que La Guajira necesita

Como es natural en esta época preelectoral en la antesala de las elecciones territoriales, todos los aspirantes hablan de cambios y transformaciones.

Todos quieren llamar la atención del ciudadano con el fin de ganarse el favor popular. Unos anuncian los cambios basados en su conocimiento y carácter para imponer un nuevo estilo de gobierno, mientras que otros se apoyan en su experiencia para no repetir las experiencias del pasado. Pero lo cierto es que el enfoque de las transformaciones es inminente en nuestro departamento, desde una perspectiva de querer materializar un sueño, que demanda un nuevo departamento y una nueva forma de gobernar.

La Guajira requiere hacer un alto en el camino para mejorar su pobre imagen en la opinión nacional. Los errores, equivocaciones y faltas de nuestros mandatarios territoriales nos han involucrado a todos en el quehacer político. Los que eligen y no eligen, igual están estigmatizados y señalados porque esta es como una peste que nos amenaza con exterminarnos a todos. Por eso pienso que el ABC de las transformaciones, es romperle el pescuezo al abstencionismo y salir todos a votar el 27 de octubre por el candidato de sus preferencias.

Pero no votando por los cincuenta mil pesos del asqueroso clientelismo que nos ha sumido en esta profunda crisis política, institucional y de imagen. Sino votando por un candidato que no esté cuestionado en ninguna de las esferas de la sociedad ni de los organismos de control ni de justicia. La Guajira requiere recuperar su estabilidad institucional y política y para lograrlo, tu no debes pertenecer a ningún bando, sino ponerte la camiseta de La Guajira y su desarrollo. Hay que salirse de todo pronóstico y convencionalismo y hacer cosas extraordinarias por nuestro departamento. Rechazando no solo a quien no tiene calado popular sino a quien no le pone el pecho a la brisa y no ha salido como doliente a contribuir con sus esfuerzos a mejorar la calidad de vida y el desarrollo humano de la población.

Es hora de convertir en útil nuestro voto popular para hacerle una gran contribución a la imagen de La Guajira. Soy de los que pienso que la transformación comienza por romper el mito y las leyendas políticas y todos aquellos estereotipos y paradigmas que nos han llevado a este desastre que hoy vivimos. Es la hora de dividir en dos la historia política de este departamento votando bien. Votando a conciencia, sobrio, sin estómago, sino más bien, pensando en derrotar la corrupción administrativa.

La Guajira requiere un gobernador que le devuelva la alegría, la fe y la esperanza a este pueblo tan sufrido. Un gobernante que, con solvencia moral y manos limpias, movilice a todos los estamentos de la sociedad y no haga acepción de personas y de grupos sociales y rechace otros. Un mandatario que le devuelva la mística y la altura a la gobernabilidad y se empodere del conocimiento y la experiencia de muchos cerebros que se le han vendido fugando a la península. Un mandatario que gobierne con nuevos modelos de pensamiento y de liderazgos. Aquí hay que apartar la mezquindad, la intriga y la envidia que como un verdugo se ubica detrás del solio del poder en el Palacio de la Marina y la Casa de Gobierno, para poner orden en la casa, cerrar las venas rotas y recuperar la soberanía tributaria del Departamento, que son el principio de las transformaciones, se requiere de todos y no de unos pocos.

Igualmente, para convertir a La Guajira en un departamento viable fiscal y financieramente, hay que reclutar un equipo de expertos que les duela el Departamento. Del mismo modo, salirle al quite a la defensa jurídica del Departamento y ponerle el freno de mano a esa escalada de demandas judiciales recurrentes. El fortalecimiento de la Secretaría Técnica del Sistema General de Regalías con un sistema departamental de monitoreo, evaluación y seguimiento de los proyectos aprobados, evitaría tantas amenaza y suspensión de giros. Solo fortaleciendo institucionalmente al Departamento con un excelente recurso humano y logístico, se cambiaría el rumbo de la administración pública.

Entonces sí podremos intervenirlo con una infraestructura física y tecnológica más adecuada y con la conservación de la biodiversidad, el recurso hídrico y los suelos. Hasta convertirlo en potencia, con las ventajas comparativas de la naturaleza y el ambiente, los recursos del mar y el océano, las energías renovables, el turismo y la economía naranja.

rafaelhumbertof@gmail.com