Las violencias: una pandemia por erradicar

Han pasado muchos días sin escribir mi columna habitual, estaba en un espacio de reflexiones y silencios, en el cual observé muchas situaciones desde la particularidad de una cuarentena que nos tomó por sorpresa, pero que promete generar cambios por doquier; vi algunas noticias de ataques al cuerpo médico, incremento de violencias contra las mujeres y las niñas, conflictos familiares o asesinatos desgarradores que informan que el odio y la venganza no saben de aislamiento y que irrumpen cualquier mandato para destilar su veneno.

Mientras buscamos salvarnos del Covid, nos atacan las violencias en sus infinitas manifestaciones y para ello no hay vacuna alguna que las erradique o las mitigue; por ello nos desdibujamos de la esencia humana sentipensante para acudir a formas instintivas que se llevan por delante a los demás y a nuestro propio ser, porque la violencia es peligrosa cuando se ejerce o se recibe, no hay una esquina de ella rescatable y se nos está haciendo tarde para erradicarla de nuestras cotidianidades.

En este sentido, considero importante mencionar una de las definiciones de la violencia y escogí la realizada por la OMS quien ha catalogado a la violencia como una pandemia y la define así:

“La violencia es el uso intencional de la fuerza física, amenazas contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad que tiene como consecuencia o es muy probable que tenga como consecuencia un traumatismo, daños psicológicos, problemas de desarrollo o la muerte”. 

Si bien, tenemos claro que cualquier acto que atente contra la integridad de las personas es considerado violencia, lastimosamente seguimos naturalizando dichas acciones como si hicieran parte del bienestar personal y social, violentamos desde lo simbólico hasta lo más tangible, es paradójico que en una era de tantos avances tecnológicos en los que se facilita acceder a la información con las posibilidades que otorga la internet, se sigan cometiendo atentados contra las culturas y las diversidades que -deshumanizan- la humanidad; tales como el racismo, la homofobia, la misoginia o cualquier tipo de discriminación que no tienen sentido que sean ejercidas por seres racionales.

En ese sentido, las tipologías de las violencias van desde las físicas, psicológicas, políticas, basadas en género, étnicas, sociales o culturales y en muchos casos sus formas superan cualquier ficción, desgarran por completo, asombran, asustan y nos dicen que estamos frente a una humanidad enferma de odio que no se curará lavándose las manos, quedándose en casa o usando tapabocas, sino sanando heridas, abrazando el perdón, nutriendo su espíritu de paz, renunciando a egos fatigantes que nos condenan a conductas devastadoras y a estilos de relacionamientos dominantes.

De este modo, mi reflexión apunta a que nos ocupemos de manera responsable e íntima de nuestras vidas, que dejemos de señalar a los demás y hagamos un análisis completo de nuestro ser para comenzar a transformar lo que nos hace daño, hacer ejercicios de aprendizajes y desaprendizajes, para dinamizar la vida y alejarnos de esos imaginarios sociales que nos acomodan en el “así soy y no voy a cambiar” si cada uno asume un cambio, logramos erradicar las violencias y viralizamos el amor, es hora de que la humanidad comience a crear relaciones de comprensión, respeto por las diferencias, solidaridad y a erradicar pandemias de violencias.

Causa dolor que en pleno caos mundial por el Covid se vean noticias en las que una clínica debió alquilar el hotel más cercano a su entidad para hospedar a su personal médico que en las ruta a sus hogares recibían ataques, es penoso que saquemos lo peor de nosotros en tiempos donde uno de los antídotos es la empatía, pero parece que la dejamos en la retórica, porque no nos enseñaron ni hemos querido aprender a respetar las diferencias, nos condena la paranoia, el egoísmo y la creencia de un “seudopoder” que puede juzgar, acabar o quitar del camino lo que no aprobamos.

Para la curva final de esta reflexión, me permito recordar algo que pasó cuando cursaba quinto de primaria, la profesora nos decía cuando les pida silencio no comiencen a decirle a su compañero que lo haga, porque lo único que logran es hacer bulla, mejor que cada uno no hable y así se logra la meta del silencio; así pasa en nuestra realidad, es momento de que cada persona asuma cambios y deje de pedir dichos cambios a otros y al sistema, que logremos territorios y sociedades en armonía y rehumanizadas, capaces de conciliar, dialogar y tejer empatía, basta de pandemias violentas que lapidan los sueños y esclavizan nuestras libertades. 

Que nos salvemos del Covid, que podamos ser la generación que pueda echar el cuento, pero también la que haya logrado una transformación del ser, la que viralice el amor, la fe, la esperanza y la generosidad; no basta cuidar el cuerpo físico hay que hacer un détox del alma, que el ego no nos esclavice y que la indiferencia no nos impida gozar de la otredad, de eso bello que muchas personas tienen por aportar, al fin y al cabo, lo que nos llevamos al morir son los momentos.

Feliz resto de cuarentena sin violencias y que nuestras vidas logren la plenitud desde los caminos que cada quien elija.