Levántate Waré

Hey Waré, este mensaje va para ti, tú que me lees, y me escuchas, quiero conversar contigo seriamente un tema muy delicado con respecto a la situación que viven hoy los niños en La Guajira. Waré, Dios te regaló esos muchachos para que tú los saques adelante, y des la vida por ellos. Pero Waré, yo veo que tú siempre culpas a papá Estado, de tu responsabilidad como padre de familia y guajiro como tú, Waré, yo quiero preguntarte, y no quiero que me respondas con evasivas: ¿Dime Waré, dónde has estado tú, todo este tiempo, que los niños se han estado muriendo de hambre? ¿Dónde quedó tu responsabilidad como padre, Waré? ¿Dónde está representada tu patria potestad como cabeza de hogar?

Recuerda Waré, que Dios nos entregó a nosotros los hombres, la responsabilidad del hogar, para ser el líder, la cabeza, el proveedor y representar nuestra raza. Y te pregunto Waré: ¿Dónde quedó tu gallardía, tu coraje de guerrero, y tu empuje? ¡No lo veo, Waré! ¿Dónde quedó esa valentía de guerrero, que nos caracteriza a los guajiros? ¿Pero no valentía para echar plomo?, no me mal interpretes. Me refiero, a los cojones para guerrear por la salud, el alimento, la educación, la  recreación, y bienestar de nuestros hijos; como única herencia del Padre Celestial. Tú y yo, tenemos un gran gigante por vencer, Waré, se llama hambre.

Ese, es el Goliat, que está matando a nuestros niños, y que tenemos que derribar como sea. Si uno no cuida de los suyos, especialmente de los que viven en su casa, ha renegado de la fe y es peor que un incrédulo.

Waré, te invito para que tú y yo replantemos las cosas, esforcémonos más por la mujer, el hogar, y los hijos. A cada esposo, Dios le dio una esposa, a cada padre le dio unos hijos, y por lo tanto, al final de nuestra vida, Jesús nos preguntará: ¿Qué hiciste con los que te di a cuidar, donde los dejaste?

Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era emigrante, y no me recibieron, estaba desnudo y no me vistieron, estaba enfermo y encarcelado y no me visitaron.  Mt 25, 42- 43

Cuando abramos los ojos y podamos ver la realidad, ¿no será ya un poco tarde?  Todos andamos buscando a Dios.  Todos preguntamos ¿Dónde encontrarle? Y Dios nos dice a todos: No seáis tontos.  Si cada día estoy a vuestro lado y me cruzo en vuestro camino y todavía andáis preguntando ¿Dónde estoy?  Cada día estoy en esa esposa (os), en esos hijos, y aún preguntáis, ¿dónde estoy?

Esos pródigos que buscan la felicidad en la calle porque hay más luz, se les olvida que en casa es donde realmente encontrarán lo que están perdiendo, y que son ellos los que han dejado de dar luz a sus hogares y es por ellos que Dios les preguntará.

Dios nos dice, que está en ese hijo que tiene sed de amor del padre que lo abandonó. Dios nos dice, que está en el hijo desnudo que espera que lo vista su padre con un beso o un abrazo. Dios nos dice, que está en el hijo forastero que sale a la calle a trabajar para poder estudiar porque no recibe lo suficiente o nada para salir adelante en la vida.

Dios nos dice, que está en el hijo enfermo que padece de la peor enfermedad, la soledad, la tristeza. Dios nos dice, que está en el hijo encarcelado porque se encierra en sí mismo, porque mira alrededor y su hogar esta desolado, no está completo porque ha sido abandonado.

Por ese camino, nunca podremos dar con él.  Nunca podremos encontrarlo.  Porque mientras la moneda está en la cocina, nosotros nos dedicamos a barrer la calle y encender todas las luces fuera, teniendo en nuestra propia casa a Dios en la esposa (so), e hijos.

¿Cuándo te vimos con hambre? ¿Cuándo te vimos con sed? ¿Cuándo te vimos desnudo, forastero o en la cárcel? Dios nos responderá…cuándo dejaste de amar, abrazar y de darle lo necesario a los tuyos.