Lo agallú

Cómo cambian las costumbres en política, hace muchos años en una reunión manifesté mi deseo de ser candidato al Concejo de Valledupar e inmediatamente los otros, cuatro o cinco aspirantes, a una sola voz protestaron y dijeron que si yo aspiraba ellos retiraban las suyas pues consideraban que ante la jerarquía (de mentiras) que yo tenía en el grupo, la gran amistad con el jefe (otra mentira) y las relaciones con el electorado por el trato permanente con ellos, estaban en un estado de notoria desigualdad y yo tenía todas las de ganar.

Vi que tenían razón y por el riesgo de quedarnos sin Concejales elegíamos tres o cuatro por disciplina y por pendejadas mías retiré mi nominación y Carlos Morón Cuello, Guillermo Oliveros y otros dos que no recuerdo salieron elegidos.

Hoy veo que eso pasa y lo aceptan con unas listonas de 19 personas que todos creen que van a salir, cuando máximo clasifican dos o tres y aceptan de todo y no ven claro que los tienen como rellenos con el fin de sumar votos y obtener el umbral, el temido umbral que si no llegan a cubrirlo esa lista o partido queda por fuera de concurso aunque en ella figure el candidato que más votos saque dentro de todos los 400 o más aspirantes que hay.

Que puede hacer un pobre muchacho que no tenga un padrino poderoso, un gobernador, un alcalde, senador o representante apoyándolo, sino que más bien cada uno de ellos tiene al hijo, hermano, nieto, sobrino de candidato adornado con enormes recursos económicos y el aparato estatal apoyándolo, llámese Emdupar, Sena, Bienestar Familiar, Hospitales Rosario Pumarejo de López y Eduardo Arredondo y otros como Comfacesar y la Cámara de Comercio en calidad de privados; nada, no puede hacer nada, escasamente recibir de los jefes o súper jefes una suma de dinero para que “echen pa’ lante” cuando eso es una mentira y esa plata es para que la inviertan a la campaña de Gobernación o Alcaldía que son los verdaderos beneficiarios.

Que tal una rebelión de esos pobres aspirantes que están ilusionados con que le van a ganar a los candidatos del gobernador, del alcalde, del senador o el representante, que tal que renuncien masivamente y ningún partido grande obtenga el umbral por estar de agallúo. Casos se han visto, pero esa ilusión en política se da mucho, ya que todo el que se lanza se entusiasma y se cree elegido con un montón de votos que para esta justa la han fijado en más de dos mil para Concejo y diez mil para diputado.

La verdad es que es difícil, lógicamente no imposible ganar un debate en esas condiciones de desigualdad y finalmente deberían analizar la situación y proponer coaliciones de varios alrededor del que tenga mayor opción. Pero quién lo hace, quién le pone el cascabel al gato, quién de ellos tendrá los recursos económicos suficientes cuando los dimitentes le digan, bueno yo renuncio y te apoyo, pero me he gastado un pocón de plata, devuélvemelos y fuera de eso encímame tanto para continuar. Eso es mejor que ir a una derrota que todos vemos, menor ellos porque la política enceguece.