Los bailes cantao

Dicho esto, podemos inferir claramente que el punto de partida, la base del linaje de los géneros vallenato, cumbia y porro, como en las otras partes del continente americano, fueron las músicas africanas que llegaron a esta parte de América.

¿Y cuáles fueron esas músicas? Pues los bailes cantao, que como su nombre lo indica son danzas que se bailan al compás de una melodía montada en un ritmo o “toque”, exclusivamente de percusión —tambores, guacharaca, maracas, tablitas y palmas—, sin instrumentos melódicos, mientras una voz líder canta versos libres callejeros que significan aconteceres de la cotidianidad, y un coro responsorial le contesta siempre el mismo estribillo, como el Amor amor, La candela viva, La perra, La tortuga, La maestranza y la familia de los pilones.

Los bailes cantaos son nítidamente un género cuyas especies —bullerengue, son de negro, son de pajarito, son corrido, mapalé, chalupa, lumbalú, chandé, tambora, berroche y guacherna— son, pues, el ancestro común más claro de la música costeña, que a la margen derecha del río Magdalena, vía cumbiamba y colitas, dio pie al vallenato del Magdalena Grande, y abajo a la izquierda, en las sabanas del antiguo Bolívar, al porro y al vallenato sabanero. La cumbia ocupa una región central entre los dos. Es importante resaltar que el medio de transporte, antiguo y tradicional, era fluvial, así pues, los ríos Magdalena, Cauca, Cesar, San Jorge, el Canal del Dique, ubicados en el centro de la llanura Caribe, hicieron posible la difusión y el mestizaje, primero de indios y negros, y después de su descendencia mulata y parda, con los blancos europeos.

Me llama poderosamente la atención que leyendo sobre los bailes cantao es muy recurrente la aparición de las palabras son, paseo, merengue y puya para designar variantes de “toques” de esos ritmos.

Todas las músicas del mundo han sufrido estos procesos evolutivos, cada región del mundo tiene su propio código de barra musical, su propio “made in”, sus propias e innatas especies y géneros musicales, que han aparecido, desaparecido y evolucionado desde la antigüedad, dependiendo de las presiones ambientales: nuevos sistemas políticos, sociales y económicos, nuevos imperios, nuevas formas culturales, aislamientos geográficos, nuevos instrumentos, nuevas tecnologías, etcétera, etcétera. Es decir, su propia cultura y “biodiversidad” musical, su propia identidad. En ebullición permanente.

Me atrevo a hacer esta analogía evolución biológica-evolución musical, porque son infinitas las veces que he oído a mis amigos estudiosos de la historia y evolución de la música vallenata decir, que el Vallenato es un género musical. Luego, esta conceptualización me autoriza científicamente para señalar, con todo respeto académico, que no puede existir un género, al menos en biología, sin el conjunto completo de las especies que lo conforman.

Ahora bien, si el concepto de género fue tomado prestado de la taxonomía (Sistema de clasificación de los seres vivos. Taxón significa rama), fue un acierto, ya que no me queda ninguna duda de que el son, la puya, el merengue y el paseo, hacen parte del género vallenato, pues comparten un conjunto de caracteres comunes entre ellos y fueron derivados de un antepasado común: la fusión de elementos musicales de los tres consabidos continentes.