Los católicos y el tiempo de adviento

El domingo 29 de noviembre de 2020, se inició el año litúrgico de la iglesia Católica. La liturgia es la adoración a Dios nuestro creador y el reconocimiento a Jesús como nuestro Señor y nuestro Salvador. El año litúrgico consta de varios tiempos: el tiempo de adviento que dura cuatro semanas, el tiempo de Navidad, que es el reconocimiento del nacimiento de Jesús no solo como hijo de Dios, sino el nacimiento espiritual de Cristo en nuestros corazones; el tiempo de epifanía, que es el tiempo más corto y representa a los reyes magos; luego viene el tiempo largo que consta de 34 semanas y ahí se encuentran los tiempos de cuaresma, que es la pasión, muerte y resurrección de Jesús y el tiempo de pascua.

En el tiempo de adviento, revisamos todos nuestros actos de la vida, es el tiempo de reflexión y con él se representa a la corona del adviento que fue establecida en Europa y hoy autorizada por el Vaticano en toda la iglesia, en ella se encuentra el círculo que representa el universo, el color verde que es la vida y las cuatro velas que representan los cuatros semanas y con el inicio del tiempo se prende la primera vela.

En tiempo de adviento, llegó precisa la palabra del evangelio según San Mateo, anunciado el regreso del Hijo del Hombre, 24:37-44: “Como sucedió en tiempos de Noé, así sucederá también cuando regrese el Hijo del Hombre. En aquellos tiempos antes del diluvio y hasta el día en que Noé entró en la barca, la gente comía y bebía y se casaba. Pero cuando menos lo esperaban, vino el diluvio y se los llevó a todos. Así sucederá también cuando regrese el Hijo del Hombre. En aquel momento estarán dos hombres en campo: uno será llamado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo: uno será llevada y la otra será dejada. Manténganse ustedes despiertos porque no saben a qué hora va a venir su señor. Pero sepan esto, que si el dueño de una casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se mantendría despierto y no dejaría que nadie se metiera en su casa a robar. Por eso, ustedes también estén preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá cuando menos lo esperen”.

Ahora en estos tiempos de coronavirus, en los que hace poco finalizamos el tiempo litúrgico de la Semana Santa, celebrada de una forma atípica como nunca antes lo vivimos, por la contingencia que ha generado esta pandemia, donde conmemoramos la pasión de Cristo, la última cena, el viacrucis, la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Fueron unos días de intensa actividad litúrgica desde casa, que culminó para nosotros los cristianos, desarrollado en medio este confinamiento que hoy hizo flexionar que estamos viviendo el tiempo de la prepotencia. El hombre se creía dios y por eso lo había reemplazado como rey sobre la tierra. Hoy con este virus que se expande por las naciones demostrando que el único Dios es su hijo hecho hombre, Dios nos está dando una lección para que cambie nuestro corazón que sea más humano y menos egocéntrico. El hombre en su ambición por las riquezas y por el poder se creía dios y en su soberbia y egolatría han humillado a millones de personas humildes como si estuviéramos viviendo en los tiempos del imperio romano y de los tiempos de Nabucodonosor. Jesús se humilló por nosotros. Fue como el cordero al matadero sin chistar ante una muerte cruel, Jesús fue condenado como el peor criminal, que esta pandemia nos sirva para reflexionar y cambiar ese corazón de piedra por uno humano.

Por eso pregunto a mis queridos lectores: ¿ya hicieron una revisión de lo que ha sido su vida? ¿Qué balance encontraron? Todavía estamos a tiempo de cambiar nuestro rumbo: del mal por el bien, de arrepentirte por tus pecados y de recibir a Jesús en tu corazón, en un corazón limpio de telarañas de los vicios que hemos recibido del mundo. Inicia pues el tiempo de adviento y es bueno que tengamos nuestro corazón abierto a Jesús para recibirlo en nuestro corazón, para nuestra salvación.