Los coletazos de la tendereta

Por José Manuel Moscote

Una de las principales observaciones que hice al proyecto del Plan de Desarrollo Departamental ‘Unidos por el Cambio’, cuando aún se encontraba en la etapa de discusión y debate en la Asamblea, fue la necesidad de que se introdujera iniciativas contundentes para responder a la pandemia del Covid-19, específicamente en el sector salud al cual había que intervenir a fondo para dotarlo, modernizar su infraestructura y ponerlo a tono con los tiempos, en razón al estado de precariedad que observamos en todos los centros hospitalarios, lo que nos llevó a afirmar en ese momento que se podía presentar una “tendereta” en términos de enfermos y fallecidos.

Pues bien: el tiempo desafortunadamente nos está dando la razón porque, quizá con la excepción del Hospital de Maicao, que concitó la atención del Gobierno nacional por el desborde inicial de la pandemia en ese municipio, es poco o nada lo que se ha hecho al respecto por parte de un gobierno departamental maniatado por los embargos y unos municipios sin recursos. Y, para colmo de males,  el Gobierno nacional sigue brillando por su ausencia, concentrado como ha estado en preparar y dotar a los centros asistenciales de salud de las grandes capitales. Para las ciudades y municipios pequeños, que son todos los de La Guajira, no ha habido ninguna atención o esta ha sido apenas marginal.

El caso concreto del Hospital San Rafael de San Juan del Cesar, que me ha tocado conocer de primera mano en virtud de la hospitalización de mi madre por dolencias propias de su edad, no por Covid-19 afortunadamente, es bastante ilustrativo al respecto. En estos momentos tiene totalmente copada, desbordada sería mejor decir, su capacidad de atención, que es la misma de antes del comienzo de la pandemia. Sus 46 camas tienen la ocupación del 100%, con algún margen de maniobra en las dedicadas a pediatría.

La proyección que se hizo, en coordinación con los gobiernos departamental y nacional, de aumentar su capacidad de atención en 20 camas (10 para hospitalización de adultos, 5 para cuidados intensivos y 5 para cuidados intermedios) quedó en el papel. Lo mismo que la adecuación en infraestructura, equipos biomédicos y red de gases medicinales.

A resultas de esto, hoy se vive la dramática situación de tener que rechazar a la gran cantidad de pacientes, afectados por Covid-19 y otras patologías, que le están llegando por oleadas. Se les hace remisión para donde haya plazas disponibles y se niegan a aceptarlo porque no tienen como sufragar traslados y estadías y porque es en esta zona donde viven sus familias. Recuérdese que el Hospital San Rafael es el único de segundo nivel en el Sur del Departamento.

Pero una cosa es contar y otra es palpar, como en mi caso, lo que se está viviendo. El Hospital San Rafael, ante la gran afluencia de pacientes, ha tenido que trasladar la consulta externa al Hotel Casa Murillo, para poder atender a la gente en los consultorios de los médicos generales y especialistas. Una parte del área administrativa, incluso,  ha tenido que ser improvisada para servicios asistenciales por física insuficiencia de la actual capacidad instalada para atender la creciente demanda. Y lo que es peor, hasta en los pasillos hay enfermos tirados esperando turno para ser atendidos como mandan los cánones de un servicio de salud digno.

La “tendereta” está llegando, es real, aumentan los casos y la Red de salud departamental no se preparó o no tuvo cómo prepararse. Y en medio de estas condiciones, tan precarias y vulnerables, la gente sigue actuando como si no existiera la pandemia, a pesar de que en La Guajira ya todos hemos vivido la experiencia de un muerto cercano. La misma indisciplina social, el mismo relajo.