Los criterios para la elección popular

Expertos y entendidos en temas electorales coinciden en afirmar que cuando les correspondía al presidente de la República y a los gobernadores de turno nombrar a gobernadores y alcaldes respectivamente, era más acertada la escogencia. Los criterios de selección muchas veces, cumplían con los requisitos habilitantes para el cargo.

A veces, primaba el amiguismo, es verdad, y hasta el clientelismo también. Pero las calidades y cualidades se aproximaban mucho al perfil requerido para el ejercicio del cargo.

Generalmente se escogían dirigentes de reconocida trayectoria política e idoneidad que tuvieran mucho calado popular. Es decir, siempre eran personalidades comunes y corrientes, pero que se habían preparado académica y políticamente y tenían buenos ideales, conocían la doctrina de los partidos políticos y tenían buena estructura de pensamiento. Pero hoy, que está en manos del pueblo esta responsabilidad, no prima ni lo uno ni lo otro, escogiéndose los mandatarios territoriales por criterios muy subjetivos, que han venido conduciendo nuestros pueblos al desastre.

Ahora se habla de candidatos carismáticos, para referirse a aquellos que más sonríen y abrazan y toman tragos en parrandas y pachangas populares, pero que nada saben ni conocen de la cosa pública, porque no es lo suyo. Otros disque porque son buena gente, pero también son mediocres e incompetentes y de humilde conformidad para administrar lo público. Es decir, el pueblo anda en la búsqueda de un gerente público y muchas veces lo tiene y lo desecha porque es la única cualidad que tiene. Pero le busca que sea carismático y buena gente, pasando su formación a segundo plano y olvidando que cada quien es como Dios lo hizo y que de todo hay en la viña del señor.

Posteriormente vienen los ay, ay, ay, ay Dios mío que fue lo que hice y nuestro pueblo viviendo en las trampas de pobreza y ocupando los últimos lugares en el ranking de desempeño territorial. Porque no se le puede pedir peras al olmo y un palo de limón no da piñas, cada quien solo da de lo que tiene. Hoy considero que el pueblo como constituyente primario debe aprender de las experiencias del pasado, para no condenarse a repetir la historia vivida. Cuantos mandatarios populares hemos visto administrar desastrosamente a nuestras entidades territoriales llevándolas a la quiebra. Cuantos otros hemos visto haciéndonos vivir con pena ajena por su incompetencia, porque más de una vez lo vemos en el lugar equivocado.

Me permito recordarle a la opinión pública, que el hombre cambia de opinión cuando cambian las circunstancias. Es hora de cambiar de opinión en cuanto a los criterios para elegir gobernadores, alcaldes, diputados y concejales. Recordemos que no es rentable vender el voto, ni votar borracho, ni por un plato de lentejas.

Hay que votar a conciencia por quien consideremos que es el mejor de todos los aspirantes a cargos de elección popular. Considerando que es mejor, el de mayor conocimiento y experiencia, con más estructura de pensamiento y más humildad. Quien pueda tener mejor capacidad de interlocución con el estado central, para hacerse oír y gestionar. Quien presente un proyecto de municipio o departamento realizable y alcanzable y que tenga iniciativas propias y no sea un muco, al que todo se lo hacen.

Nuestros pueblos requieren buenos administradores y buenos coadministradores, para administrar bien. Pero no solo pensemos en alguien que sea buen candidato. Muchas veces, aquellos que son buenos candidatos no son buenos gobernantes. Porque resulta que solo saben hacer eso, campañas políticas y nada más, y se les pasan los cuatro años mirando lejos y deseando que el periodo se les termine. La Guajira esta vez necesita un voto realmente útil, que sirva para implementar un gobierno social revolucionario con resultados novedosos y ejecutorias tangibles. Vamos con nuestro voto y unos criterios objetivos a cambiar la historia.

Votemos para mejorar la calidad de vida. Votemos por un mejor desarrollo humano. Por una mejor calidad de la educación y la salud. Por agua de calidad y continua para el consumo y la productividad. Por el impulso y la promoción de nuestros talentos a través de la economía naranja. Por una mejor infraestructura física y tecnológica. Pero esto no se consigue con un chepito ni un Juan de los Palotes en el palacio de gobierno. Se consigue con un hombre visionario y progresista que le apueste al campo, a la agroindustria, al mar, al medio ambiente, al turismo, a las energías renovables, a los hidrocarburos y a la logística.

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