Los gurúes de la farmacopea sanjuanera

“Mi admiración y respeto para los gurúes de la farmacopea sanjuanera, anclados en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, la mayor reserva espiritual de América”.

Siempre me he realizado la pregunta: ¿Por qué los médicos tradicionales de alto reconocimiento en La Guajira, han nacido en San Juan del Cesar?

Para serles sinceros, no les tengo respuesta.  Pero les hago un recuento de lo que he investigado. 

Manuel María Nieves ‘El Indio’, mamo Wiwa.  “Yo tuve una enfermedad / que nadie la conocía / y solo me pudo curar / el indio Manuel María”. 

Como se dejan quitar / los médicos su clientela / de un indio que está en la sierra / y cura con vegetal (bis).  ¡Que viva el maranguango! 

El Indio Manuel María, Emiliano Zuleta Baquero, Hermanos Zuleta Díaz Poncho y Emilianito, 1974.

Manuel María, vástago de una estirpe de legendarios curanderos de la región de Guayacanal, Sur de La Guajira.  También ejercieron su oficio, sus hijos Leovigildo y José Nieves.

Leovigildo, le aprendió a su padre Manuel, los secretos de la medicina tradicional; dado a que lo acompañó durante su carrera de médico naturista.

José Nieves, su fue para Ecuador a estudiar medicina tradicional a una Universidad, se enamoró y le tocó regresarse para Guayacanal y quedó abrigado por la fama de su padre y se rebuscaba como médico empírico y disque de brujo. Con él, compartí varios momentos en Guayacanal, San Juan y Riohacha, investigando el árbol genealógico del apellido Nieves.

El médico naturista José Eduardo Daza ‘Chelalo’.  Reconocido y prestigioso por los testimonios de las personas que ha tratado con enfermedades incurables y que él con sus tratamientos ha logrado salvar muchas vida. 

‘Chelalo’ un compadre mío / se quiso tira un sport / y cargó con un perol / pase un sancocho en el río / el perol se le ha perdido / sin esperanza de hallarlo / mi compadre llegó bravo / batiéndose contra el suelo / y tuvo que matar un conejo / para pagar el viaje del carro. La Pesca, Emiliano Zuleta Baquero, Adaníes Díaz y Héctor Zuleta Díaz, 1981.

En Caracolí Sabanas de Manuela, allí tenía su centro de poder, el reconocido curandero, el indígena Jerónimo.  También mi abuela Materna Margoth Mindiola Córdoba, quien curaba un brote en la piel (culebrilla), a muchos habitantes de Distracción y Fonseca, zona donde se cultiva el arroz y el agua está contaminada de venenos.  Sus servicios eran gratis.    

En Corral de Piedras Aura Soto y Baudilio.

En San Juan, Carlos Ávila, Emilio Manjarrez, Camilo Oñate y la reconocida vidente Ubida ‘Upe’ Argote.

También, Bunkua y Francisco Chimusquero, Wiwas con gran conocimiento en la botánica y el saber popular. 

En La Junta, Leandro Sierra Acosta ‘Leandrito’, bautizado por Diomedes Díaz, en los saludos de sus canciones como ‘El Médico del Pueblo’.  Médico empírico.

El arquitecto Guillermo Mendoza Acosta, narra en una crónica, que en su consultorio, toda la vida estaba dispuesto atender las 24 horas del día, en forma gratuita sin discriminar a quien viniera en su ayuda y hasta los remedios regalaba. Cuenta su hijo Humberto Mario, que en una ocasión, a media noche, llegaron tocando la ventana de su habitación, y su esposa María Teresa, apenada, respondió que ‘Leandrito’ se había acostado tarde, cansado y estaba dormido; ‘Leandrito’, no esperó para hacer quedar mal a su señora: “Mentiras de ella, yo estoy despierto y ya los voy atender”. 

Así era él, ‘El Médico del Pueblo’: un hombre probo, humanitario, humilde, sencillo, generoso, familiar y muy jocoso. ‘Leandrito’ tenía una brillante memoria, juicioso en sus diagnósticos que daba en el blanco preciso de la enfermedad.  Muchas veces el consultorio era improvisado en la misma parte donde lo abordaran o donde fuera requerido, inclusive, en los lugares más recónditos, viajaba en su campero Jeep willys carpado, que le servía también como dispensario ambulante y como escritorio, su capot.

Al hablar de ‘Leandrito’ (el médico jocoso), narra el primo David Sierra Daza, quien presenció de cerca una consulta de su tío  en la terraza de su casa, que, un señor llegó en reemplazo de su compañera (la enferma). ‘Leandrito’, a sabiendas que su mujer se le había ido con otro hombre, le preguntó: ¿que si ya había conseguido otra?; él, cabizbajo, le confesó que ella había vuelto. ¡Ah, carajo!, Jorge, tú vienes es para que yo te recete un veneno pa la putona esa. ¡Ay, no!, señor ‘Leandrito’, no diga eso, por Dios…ella me dijo que ya se corrigió y que no me vuelve hacer esas cosas; por favor, hágalo por mis hijos, ¿Oyó? El médico, insistió, vea Jorge, puerca pollera no pierde el vicio; pero, hagamos una cosa, entonces: “Toma esta receta para curarla y, por si te arrepientes, toma esta otra con el nombre de la medicina, por si siempre la queréi envenená.

“Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento”.  Hipócrates.