Los lobos, el mar y…

Riohacha es un rinconcito del Caribe colombiano, con sus incendiados crepúsculos, llenos de embrujadas guaridas, con sabor a piratería, bacanales nocturnas, con cañonazos en fuego cruzado y algarabía guerrera de los desnudos hijos del mar, que se patentizan con su gloriosa calle primera, de lo que quedó que era la calle tercera en la época en que ocurrió un tsunami de aquel 14 de mayo de 1666.

La verdadera historia de Riohacha nos las dejó plasmada ese gran historiador que pasó a la inmortalidad llamado Benjamín Espeleta Ariza, fallecido recientemente que contrasta con lo que escribió y que parte de ella se encuentra en la historia general de la conquista del nuevo reino de Granada, el doctor Lucas Fernández Piedrahíta, donde Nicolás de Federmán se la pasó más en el Cabo de la Vela y en Santa Marta en el año 1534, inclusive, llegó hasta Valledupar que ya en esas calendas existía no solo el Valle del Cacique Upar si no la tierra de los Itotos, poblaciones que incendió el capitán Vanegas, en ese tiempo Villanueva era una gran aldea, así como Urumita y El Molino, varios de estos apartes se encuentran consignados en este interesante libro en las páginas 76, 91, 92 entre otras.

Riohacha también es el bullicio del mercado, donde una wayúu continúa tarareando ese canto triste con un sermón o una elegía a la sociedad de los “arijunas” que los han tenido siempre marginados en un olvido ancestral, donde la clase política se ha beneficiado de ellos.

Riohacha es la ciudad más rezagada del Caribe colombiano. Da tristeza que todavía no tenga agua las 24 horas y lo más triste y vergonzoso es que pareciera que no tuviera dolientes. Y eso que es la capital donde se encuentra asentada la gobernabilidad de nuestro departamento. Riohacha continúa en un desastre total que como una ciudad histórica permanece impávida ante tantas falencias y tantas mentiras que se escriben de ella de una manera desafortunada.

De ahí que llega un nuevo período constitucional para elegir gobernador, alcalde, diputados y concejales y como toda ciudad costera que en muchas partes del mundo es el hábitat natural de las focas o lobos marinos, aquí por el contrario no se conoce de ellos pero la ciudad es rica en otra clase de lobos. Los lobos que se disputan el poder que en su gran mayoría sin tener la preparación y mucho menos el hándicap ni la preparación aspiran a que el pueblo los elija. Esos son los lobos que se dan mordiscos y pelean entre unos y otros para obtener el botín del erario y luego disponerlo exclusivamente para su círculo familiar o su círculo más cercano de amistades y entonces cada cuatro años las mismas desilusiones, los mismos lamentos, pero pareciera que el elector no aprendiera porque continúa con los mismos vicios y no analiza quién es el mejor preparado para regir los destinos de la ciudad capital. La pregunta del millón ¿Y por qué sus habitantes no preguntan o ahondan en sus programas de gobierno? ¿Será que la logística se volvió más importante que la propuesta?