Los palos cortados

“Ya se secó mi guayacán, el árbol corpulento que me daba sombrío, aquel que en la finca y muy cerca del río fue un fiel testigo de mis grandes amoríos”.

Corresponde el aparte que antecede a la canción ‘Mi viejo guayacán’ de Antonio Serrano Zúñiga, incluida por ‘Poncho’ y Emilianito en el LP ‘El Reencuentro’, que sometieron a consideración de su público el 13 de noviembre de 1975, la cual hemos recordado a propósito del tema que ocupa nuestra atención.

En día reciente pasado visitamos la ciudad de Valledupar para una revisión técnica al motorcito que palpita en este pechito y pude observar con perplejidad la machetera que se están llevando los árboles en esa ciudad; el escarralamiento inmisericorde a que fueron sometidos palos emblemáticos de la ciudad de los santos reyes, parece cometido por un enemigo de ese lugar templo sagrado de la música vallenata.

Lo sucedido es escandaloso y preocupante, y da la impresión que mataron el grillo para sacarle el pito, es inexplicable que en este tiempo cuando el calentamiento global demanda la protección de las fuentes naturales de alivio para el bochorno colectivo, se estén derribando, desparramando y macheteando grandísimos árboles que en el inmediato pasado servían de refugio de los transeúntes para protegerse del sol canicular.

No estaría mal recomendar a los ideólogos de la ambiental insensatez –para que no lo vuelvan a hacer– que escuchen con atención la canción ‘El fiel amigo’ de Víctor Camarillo, que le grabaron Emilio Oviedo y Rafael Orozco que nos recuerda la importancia del árbol para la humanidad, por si acaso hacemos un repasito:

“A base de la experiencia grande que he adquirido pude comprobar de los amigos sinceros solo hay uno se los voy a decir, es el árbol fiel amigo que puede tener toda la humanidad, porque el mundo entero sirve para todo de principio a fin, el no da frutos para sostenernos, el nos da fuego para cocinar, de el se hace techo para protegernos, ventana y puertas para seguridad, hacen objetos para embarcación, de el sale el mueble para todo el hogar, se hacen vitrinas para el mostrador, también la cama para descansar”.

Seguramente quienes ordenaron prender las motosierras para derribar los palos, son grandes comedores de frutas, encienden leña para el típico sancocho en sus parrandas, su casa tiene fuertes listones que sostienen la cubierta para que los ladrones no le afectan cierra puertas y ventanas, quizás cuántas veces se ha transportado en canoas y otras embarcaciones anfibias construidas con madera, y me los imagino cómodamente repechados en muebles del mismo material, en las tiendas y almacenes pueden ver los productos que se exhiben en vitrinas con soportes de madera para comprar los de su predilección y al regresar de compras, cae rendido en la cama también igual de madera donde se arreglan todos los problemas, duermen sus penas, disfrutan los placeres y reposan sus alegrías.

También les recomiendo otras cosas que en su relato dice Camarillo: “Y también me he dado cuenta que en la primavera suelen florecer, los campos se ven alegres por la frescura que dan su sombrío, sirven para que las abejas de su dulce aromas produzcan la miel… de el fue que hicieron el madero a donde padeció Jesús, de el fue que inventaron la caja para sepultar a aquel que ya murió, es el único que nos acompaña hasta el final que nos impuso Dios”.

Pero si en el Valle llueve en Riohacha no escampa, resulta que no está quedando palo sombrío en la ciudad, cada quien va cortando el suyo para que quien pase por su casa pueda ver la nueva fachada o la reja recién estrenada que ha edificado gracias a la generosidad de “Brilla”, o los empeñamientos con “Pagadiarios”.

Que Dios se apiade de los palos que permanecen incólumes, porque después de cortados no hay medicina que los levante.

¡Se las dejo ahí, como decía el Cacique!

luisacosta_medina@hotmail.com