Los planes de desarrollo de La Guajira

El concepto de desarrollo tiene implícito un proceso de evolución, de cambio y de crecimiento con respecto a una situación determinada. El desarrollo está asociado a la capacidad que tiene un país o una región para generar riquezas y crear condiciones apropiadas con la finalidad de brindar oportunidades de bienestar económico y social a sus habitantes en un contexto de sostenibilidad.

En un planteamiento simple y para el entendimiento de todos, hacer un buen Plan de Desarrollo de una entidad territorial implica iniciar con la realización de un ejercicio de planeación estratégica, con el propósito fundamental de definir una visión y unas metas a las que se quiere llegar; es un proceso que requiere previamente de un diagnóstico riguroso de la situación actual, en el que se identifican y se hacen explícitas todas las necesidades existentes en el respectivo territorio, las fortalezas, debilidades, las oportunidades y se determinan los recursos, tanto humanos como financieros, que se requerirán para cumplir satisfactoriamente todos los objetivos y metas que contribuyan de manera efectiva al bienestar de todos los sectores sociales que conforman el respectivo territorio.

Hacer un Plan de Desarrollo implica pues, definir una ruta, tener un camino a recorrer con un destino claro, donde se refleje una dinámica de cambio para mejorar las condiciones de vida existentes en la respectiva entidad territorial; de ninguna manera el alcance de este plan podrá limitarse a continuar con el statu quo, en el que los gobernantes de turno se dediquen solo a realizar una gestión burocrática y a cumplir compromisos políticos que impliquen gastos financieros que no se reflejen en el bienestar de todos sus habitantes.

Ciertamente en nuestro país existen normas y procedimientos que se deben conocer en La Guajira y se deben cumplir en forma inexorable por parte del gobernador, alcaldes, Asamblea departamental y concejos municipales para la elaboración, aprobación, ejecución, seguimiento, evaluación y control de los planes de desarrollo de cada entidad territorial. A pesar de las dificultades generadas por la emergencia sanitaria, que ha exigido la máxima atención y prioridad de nuestros gobernantes, las dos primeras fases de este proceso, es decir, la elaboración y aprobación de estos planes, se ha cumplido dentro de los términos de tiempo establecidos, hecho que ha originado manifestaciones de satisfacción por parte del gobernador y algunos alcaldes. Ahora sigue el reto más importante: Su ejecución exitosa, lo que significa traducir en acciones y hechos verificables lo que está en el papel aprobado.

Es muy importante que tanto el gobernador como los alcaldes socialicen con todos los sectores los componentes clave de sus respectivos planes de desarrollo, estimulando la participación ciudadana en las otras fases del proceso, es decir, en el seguimiento, evaluación y control de estos. Mucho ayudará en este proceso tener claridad hacia donde se quiere ir, con unos objetivos y metas específicas y concretas que indiquen qué, cómo, dón- d e y cuándo se ejecutarán. Estos objetivos y metas deben ser retadores, alcanzables, realistas y medibles, para facilitar la cuantificación de los resultados esperados en términos de tiempo y con registros de hechos y datos que evidencien un progreso real o mejoría en la calidad de vida de las comunidades.

Dadas las circunstancias actuales, que agravan la realidad histórica, el propósito fundamental inmediato debe ser mitigar los efectos infortunados de la pandemia, relacionados con el aumento de los indicadores de desempleo, pobreza, desigualdad e informalidad. No es exagerado afirmar que una sociedad con unos indicadores tan altos de pobreza e informalidad no es viable en el mediano y largo plazo.

Se requiere materializar acciones y hechos concretos que nos lleven avanzar hacia una sociedad con mayor equidad social, que se traduzcan en avance hacia el cierre de brechas existentes en nuestro sistema de salud, en los indicadores de pobreza, monetaria y multidimensional y en condiciones para generación de ingresos, buscando que en los tres años y medio que restan del actual periodo de gobierno nos acerquemos a un escenario en el que existan más y mejores oportunidades de bienestar para todos los habitantes de La Guajira. Lo contrario significaría un fracaso y demostraría que se continuó haciendo lo mismo, pero con otros actores, mientras las comunidades seguirán padeciendo las mismas dificultades y frustraciones de siempre.