Los retos de Dasuki

Mohamad Dasukies, el primer ciudadano islámico en ejercer como alcalde en Maicao, donde ha habido presencia árabe, específicamente sirio-libanesa, desde hace casi un siglo. Ya antes hubo alcaldes descendientes de árabes cristianos como Alberto Abuchaibe Abudinen, pero nombrado por decreto. También se destaca la masiva votación que le confiere gran respaldo popular de arranque, pero también es evidencia de altas expectativas por parte de maicaeros.

‘El verdadero cambio’ es el lema de su campaña, lo que implica que debe hacer las cosas de modo diferente si quiere resultados mejores a quienes lo antecedieron en el cargo. Además de desdibujar cierta propaganda negativa con la que sus adversarios de contienda electoral quisieron restarle votos, Dasuki enfrenta muchos retos en su administración. Están los retos que garantizan gobernabilidad, como el de mantener sólida la alianza que lo llevó a ganar las elecciones; mantener una coalición que lo faculte y no se atraviese como mula muerta en su programa de gobierno. De mucho se perdió Maicao por los continuos saboteos disfrazados de control político de los concejales contra las iniciativas del ejecutivo.

Pero, los grandes retos son otros: hace rato que en Maicao no se inaugura una obra de gran impacto, solo algunas calles pavimentadas, ampliación de alcantarillado, parques, murales. Pero la obra del estadio Hernando Urrea Acosta sigue inconclusa como la nueva sede del Centro Administrativo Municipal; el mercado nuevo se puso viejo porque es muy pequeño, se ha deteriorado y ahora se está usando como centro de acopio y no para los fines que fue construido. Dasuki debe concentrarse, amparado en la nueva normatividad que permite invertir en los llamados “elefantes blancos” para terminar una cantidad considerable de obras inconclusas.

Las obras de gran impacto que espera Maicao deben incluir impajaritablemente más bibliotecas, también el mercado público, ya sea ampliando el ubicado en la vía a Carraipía, derribando el actual y construir otro allí o uno nuevo en otro lugar. Es una obra urgente, inaplazable para recuperar la seguridad, higiene, desestimular el caos y el mal uso del espacio público en una zona.

De igual manera, los ciudadanos siguen esperando una plaza de eventos, pues en Maicao no hay donde organizar un festival, ni eventos de carnaval o una feria decente. En el gobierno de José Luis González, tengo entendido que la Gobernación adquirió un lote en el barrio San José, cerca el estadio, antes llamado Cancha Arquins. El lote, con suficiente extensión, sigue esperando que algún alcalde construya allí una plaza de eventos.Hasta municipios y corregimientos pequeños como La Jagua de Pilar y Cuestecita nos ganan en plaza. También puede adecuarse para ferias artesanales, gastronómicas, campesinas entre otras.

Sumemos a estas necesidades un aeropuerto que nos conecte con el país y el mundo, la alianza con otros municipios cercanos como Albania y Uribia puede ser una fórmula viable como fue la del relleno sanitario. También es hora que los maicaeros podamos tener una plaza central que no se vea interrumpida en su conjunto con la catedral por unas anti-estéricas colmenas como las del Cacaíto. Cierta vez escuché a Ovidio Mejía sobre una iniciativa que no se pudo concretar, de construir un nuevo centro comercial Cacaíto de dos pisos en la parte oeste de la Plaza Bolívar y reubicar allí las colmenas que, literalmente, tapan y ocultan no solo el paso, sino la vista de la iglesia San José.

Por último, existe por acuerdo municipal la Escuela de Formación Artística Roberto Solano, pero no cuenta con planta física ni aprobación de la Secretaría de Educación para acreditar estudios en la modalidad de educación para el trabajo y desarrollo humano. La planta se puede suplir cediendo la infraestructura donde funcionaba el Colegio Cooperativo y que regresó al municipio, el resto es mera gestión curricular para ofrendar la que sería, la más importante obra de este gobierno: formar cientos de maiceros como artistas.

Ojalá y el alcalde Dasuki no pierda la vista lo trascendente ni atomice el presupuesto en obras de poco impacto.