Luis Adolfo Barros Guardiola in memoriam

“Que yo tenía un amigo, un gran amigo como mi hermano, y el que aprecia a un amigo, es puro y digno, sincero y sano, y un mal día se marchó, dejó solos a sus compañeros, mil recuerdos dejó y una familia sin consuelo… ¿y quién no lo va a recordar, si usted ejemplo fue, hombre de talla nobleza y sinceridad?

El aparte transcrito preliminarmente corresponde a la canción elegía titulada ‘Yo tenía un amigo’ de la autoría de Rafa Manjarrez, que Iván Villazón y ‘Chiche’ Martínez incluyeron en el corte número 5 del ‘Lado A’ del LP titulado ‘Los virtuosos’ en 1987, obra musical que he recordado a propósito de la inesperada partida de un colega caro a mis afectos.

El infortunio se ha llevado para siempre a mi gran amigo y colega, Luis Adolfo Barros Guardiola, hombre de fe y verdad, de quien bastante aprendí cuando hace 27 años fungía como mi superior jerárquico en la Oficina Jurídica del departamento de La Guajira, junto a él hice mis primeros pininos en la administración pública y fue quien me aconsejó para especializarme en Derecho Público y no en Derecho Penal que era hasta entonces mi gran pasión.

El doctor Barros fue un buque de conocimientos que se hundió con las luces encendidas, no creo que se hubiera preparado para esta partida pronta e inmerecida, en la plenitud de su otoño intelectual cuando mucho quedaba por dar para el logro del perfecto equilibrio del que nos hablaba Eduardo Couture entre el Derecho y la Justicia.

Seguramente la satisfacción de Dios es grande porque sabe que tiene ya en sus aposentos celestiales a un profesional intachable, un operador judicial decoroso y un amigo sincero, leal y a toda prueba, lo conocí en el año 1991 cuando mi padre me lo presentó diciéndome “Este es tu colega, y un godo decente”, desde aquel día fuimos amigos y tuve el privilegio de compartir con él en los Estrados Judiciales y también en la parranda de Carnaval que hacíamos en la terraza de en frente de la oficina que compartía con nuestro común amigo Carlos Caicedo, lamento profundamente lo sucedido y expreso mi solidaridad con Janeth y con toda su familia en este momento crucial y de desconsuelo.

La muerte de este abogado de profesión y deportista de corazón es prueba inequívoca que la vida es corta, del mismo modo nos recuerda que los recuerdos serán perennes, su recia personalidad esculpida con su paso por el Ejército Nacional y su permanencia en sus reservas nunca le impidió ser un hombre decente, cálido y cercano, buen conversador y muy pendiente de su familia, los diálogos coloquiales con él eran enriquecedores por su larguísima trayectoria en el litigio y la función pública, su retiro del servicio activo de la administración de justicia no significó una carta de liberación del estudio, le dio como algún día me comentó, el tiempo que nunca tuvo para deleitarse con la lectura y el calor de su gente.

Se nos va un caballero útil a la sociedad, emprendió el camino misterioso de la muerte un hombre que estuvo en las dos orillas de la lucha siempre con la lealtad de su pulquérrima alma y la ética de quien llevaba como estandarte a la Diosa Temis que permanecía vendada pero nunca estuvo coja para hacer que se cumpliera la constitución y la ley.

¡Mi apreciado doctor, hoy parodiamos el pasaje bíblico para recordar cómo le dijo el ladrón a Jesús en el monte del calvario, acuérdese de sus amigos cuando esté en su reino!