Madre… entre la nostalgia brutal y los dulces recuerdos

“Yo pensaba que la vida era distinta cuando estaba pequeñito yo creía que las cosas eran fácil como ayer, que mi viejita buena se esmeraba para darme todo lo que necesitaba y hoy me doy cuenta que tanto así no es, porque mi viejita ya esta cansada de trabajar pa mi hermano y pa mí, y ahora con gusto me toca ayudarla y por mi vieja luchare hasta el fin”.

El aparte transcrito preliminarmente corresponde a la canción titulada ‘Los caminos de la vida’ de la autoría de Omar Geles que él incluyó con Jesús Manuel Estrada en la producción musical titulada ‘Sorpresa Caribe’, que dieron a conocer del público en el año 1993, canción que es una de las mas escuchadas durante estos días cuando la humanidad agradecida brinda 24 horas de alabanzas a quienes por decisión de la Divina Providencia nos dan la vida y son fiel de la balanza de nuestra razón de ser.

Después de escuchar a un amigo diciendo que compraría un regalo a su madre, un trozo se alojó en mi garganta, la verdad sentí ganas de llorar, pensé en la reina mía que ha partido para siempre, y embriagado por tantos recuerdos gratos escribí esta columna en las servilletas que tenía sobre la mesa, con el corazón en la mano entendí la alegría de mi amigo y rememoré que en esta fecha especial no tengo a quien decirle Mamá.

Vienen a mi mente los recuerdos más sublimes de mis años felices cuando mi vieja todo me lo festejaba, en todo me complacía y por los demás todo lo daba, eran aquellos días cuando yo iba a la escuela cuando quería porque al ‘Nene de la casa’ no lo podía obligar y cuando lo hacía, que era cuando mi cuerpecito me lo pedía, llevaba conmigo un papelito escrito con su puño y letra –que para mí era como un seguro de vida– diciéndole a mi maestra así: “No le vayan a pegar al nene porque él es muy nervioso”, mis maestras Amelia Ramírez y Amalfi Brito deben recordarlo.

Está presente mi madre en todo lo que digo, lo que escribo y lo que hago, siempre con el cuidado de cumplir su voluntad, sus consejos y recomendaciones, conmigo las cosas funcionan como sé que a ella le agradan y en cada dificultad siento su presencia y en cada alegría se que allí estuvo empujándome para que me sienta como me gusta; su ejemplo ha sido mi carta de navegación y el padre inteligente y honrado que escogió para mi es prueba que llevaba siempre a Dios en el corazón, cada vez que supero un obstáculo o dificultad lo asumo como prueba impajaritable que se acuerda de mi ahora que se encuentra en su santo reino.

Dios puso fin a nuestro mutuo pechiche y las complacencias aquí en la tierra, pero no podrá borrar de mi alma el derecho de acariciar cada día con mas gozo en mi mente los gratos momentos vividos, su expresión inocultable de satisfacción cuando yo le daba el sobo con alcoholado en su espalda, nuestra conversación coloquial mientras le cortaba las uñas, el traguito de café que me dejaba en su pote cada vez que lo tomaba, era un pote donde viene el coctel de frutas ‘Del monte’ el que ahumaba a propósito para que a nadie le provocara usarlo y así evitaba que le “pegaran la gripa”, me parece ver en la cocina sus tres piedras, una de amolar, otra donde pangaba la carne con ají y cebollín y la otra que tenía un huequito que solo se usaba para pangar tamacas.

Su frágil cuerpo permanece en su última morada, su espíritu está en los brazos del que todo lo puede, pero jamás ha estado lejos de mí, ni yo de ella, en mis sueños la siento orgullosa del ‘nene de su madre’, en sus múltiples cartas y papelitos encuentro impresa su preocupación por todo y por todos, fue una líder entre su gente y a todos los ayudaba sin esperar nada a cambio, pero me confesaba que además de sus quebrantos de salud, en sus últimos días, la atormentaba la ingratitud, sin que ello fuera motivo para dejar de decirnos siempre que había que servir para agradar a Dios y no a los hombres, tuvo que morir para que muchos se dieran cuenta lo que ella significaba, tuvo que irse para que se supiera que es irreemplazable.

La mujer trabajadora que tuvo que luchar desde sus 14 años, duerme hoy con la esperanza de la resurrección, y también con la satisfacción por el legado que nos dejó, de las consideraciones que heredamos y después de habernos enseñado a dolernos del mal ajeno sin calcular contraprestaciones, como ella lo hacía cuando daba de comer a los huérfanos y educación a quienes no tenían.

Madre protégenos para que en este mundo al cual nos trajiste cuando el odio tenga pies que no nos alcance, si tiene manos que no nos detenga, si tiene ojos que no nos vea, para que nuestras carnes no sean desgarradas, ni nuestro cuerpo azotado ni nuestra sangre derramada ni nuestra alma perdida.