Mano negra detrás de la fallida reforma política

La capacidad y habilidad de las fuerzas retardatarias para obstaculizar cualquier asomo transformador son ilimitadas, 22 congresistas de distintos partidos, con la particularidad de pertenecer todos a la coalición de gobierno, presentaron un proyecto de Reforma Política inmoral, inconveniente, antidescentralizante; un golpe de estado. El inicuo Acto Legislativo constituía un porrazo adicional a la maltrecha democracia colombiana, trastocaba el orden jurídico para plasmar una Reforma Política a la medida de los intereses de partidos tradicionales y del gobierno,  legislaban en nombre propio, tal como sucedió con el famoso articulito que propició la reelección. Los entretelones y formas de esta nueva tentativa con el trámite del famoso articulito guardan enormes semejanzas. Afortunadamente esta vez el perverso designio duró lo mismo que una bandeja de merengues en la puerta de un colegio.

Ensayaban unificar, y en la práctica extender periodos electorales legislativos, de alcaldes, gobernadores y presidente, asimismo a través de un regalo envenenado pretendían ampliar periodos de magistrados de altas cortes y funcionarios. Las justificaciones eran: por un lado, ahorro presupuestal y por otro, dificultades para realizar elecciones en el interregno de la Pandemia, desmentida por varios países regionales donde se llevaron a cabo procesos eleccionarios; inclusive localmente se realizaron elecciones atípicas. Pecaríamos de ingenuos al concluir interpretando que esas dos explicaciones justificaban tamaño despropósito. No se requiere ser un mago para deducir que el gobierno anda viviendo horas grises por la evaluación de su gestión. Tampoco hay que ser muy avispado para entender que las fuerzas alternativas y del cambio le están respirando en la nuca. Entonces, toca apelar a cualquier estratagema para neutralizar la inminencia del triunfo de esos sectores políticos.

Los promotores en la sombra de ese desatino, al percatarse del acelerado descarrilamiento de su malévola intención salieron presurosos a desmarcarse y expresar repudio a la bestial reforma. El gobierno apeló a un maniluvio insostenible, justamente cuando era absolutamente evidente la colosal reacción desde distintos escenarios a tamaño yerro. El intento de propalar la idea que el gobierno nacional y/o sus alfiles no estaban enterados es un desafío a la lógica y las nociones del funcionamiento del Congreso; increíble, por no decir imposible creer que el ejecutivo no estuviese impulsando tras bambalinas, o que se mantuviera ajeno a su tránsito. Inverosímil aceptar la idea que desconocidos congresistas pertenecientes todos a la coalición, y varios al partido de gobierno, enmermelados y opacos, impulsaran motu propio e inconsultamente con el ejecutivo esa iniciativa, sobre todo pendiendo una potencial perdida de investidura. Esas y otras consideraciones insinúan un interés oculto. Un propósito planeado, estructurado, deliberado de vulnerar la Constitución de 1991 y someter a la democracia. ¿Hacia dónde apuntaba la intención? Averígüelo, Vargas. ¿Quiénes se beneficiaban?  blanco es, la gallina lo pone.

Obviamente el régimen estaba al tanto del trámite de tal disparate. Una iniciativa que contemple semejante transformación del andamiaje institucional del país no pasa desapercibida, no transita sin la aquiescencia gubernamental, salvo que se trate de un ejecutivo indiferente y desaprensivo de la evolución institucional, lo cual no tipifica a este gobierno, que más bien postula parceros para cargos de control. Un gobierno que ha desplegado el arsenal cliente lista y toda la mermelada para cooptar: Junta Directiva del Banco de la República, cupos por proveer en la Corte Constitucional, que ha postulado y promovido a personas cercanas en la Fiscalía, la Procuraduría, Contraloría, Defensoría del Pueblo, Consejo Nacional Electoral, no estaba al margen de los pormenores de la Reforma.

Subestimaron el contexto actual: la monumental respuesta ciudadana, el escenario mediático, la correlación de fuerzas políticas, la eficacia de las redes sociales. La reacción inmediata atajó la desfachatez del gobierno y sus aliados legislativos y frenó un episodio similar al aludido articulito de la reelección traducido en recientes veleidades dictatoriales y despóticas. Quedó palmariamente demostrado que la opinión pública se encuentra reacia a tolerar la reiteración de conductas arbitrarias. “El palo no está para cucharas”.

Indudablemente no van a cejar en su empeño de apaciguar de algún modo los aires reformistas, los vientos de cambio que anidan en la mayoría de la sociedad. El régimen tiene pavor, quiere seguir ostentando y usufructuando el poder para su beneficio y el de la plutocracia criolla.

En lugar de estar patrocinando golpes de Estado y reformas maquiavélicas deberían orientar esfuerzos en purificar y modernizar procesos y tecnología electorales.  Aumentar confianza electoral para aumentar confianza en la democracia, confianza paulatinamente disminuida. Se ha perdido la credibilidad en las elecciones, fenómeno estrechamente relacionado con el ambiente de corrupción imperante. La fallida reforma puso en evidencia la enorme desconfianza ciudadana. Les salió el tiro por la culata.