Manzanero nos hizo ver el otro lado de la luna

Cuando los chinos alunizaron su sonda Chang’e-4 en enero pasado esperaban encontrarse con los amantes Armando Manzanero y su bolero ‘Contigo aprendí’, aquel que dice “contigo aprendí a ver la luz del otro lado de la luna”, en uso de una bella metáfora. Selene había dejado de ser oscura en una de sus caras gracias a la obra y poder del yucateco recién fallecido en las fauces del Covid-19. Ese es el imperio de la poesía; esa, la inmensidad de lo que acabamos de perder. Armando Manzanero Canché (Ticul, Yucatán 1935-Ciudad de México, 2020) representó la continuación de los grandes del bolero en México, como fueron Augusto ‘Guty’ Cárdenas, Agustín  Lara, José Alfredo Jiménez y tantos otros, y como se enrumbaba a serlo el ‘Divo de Juárez’, Juan Gabriel.

A Manzanero lo distinguí como dicen las señoras, a través del cantante cubano Roberto Ledesma y las  interpretaciones que hizo del mexicano con la orquesta de su compatriota Pepe Delgado. Son muchos los boleros que compuso el maya de Ticul y resulta difícil escoger alguno preferido, pero por razones muy íntimas hay uno que me eleva a niveles superiores a los que llegó el padre Nicanor Reyna cuando se levantó del suelo doce centímetros al tomar una taza de chocolate hirviente; se trata del bolero ‘Con un poquito de esta noche’, que dice “con un poquito de esta noche y otro poco de ti/ haremos cierta la historia de amor que tantas noches siempre soñé”. Nada me hubiera preparado mejor para los trajines del amor. Por muchas más razones desde entonces mi gusto por el bolero se fue tras la inspiración de Armando Manzanero.

El finado fue un gran compositor, regular cantante y un pianista rendidor. Tal vez se conocen cerca de 400 boleros suyos, de los que una buena cantidad hacen parte obligada de los catálogos del enamoramiento en cualquier momento y latitud. A Manzanero tuve la dicha de escucharlo cantar en náhualh, habla amerindia que dominaba por ser su abuela, con quien se crió, de la etnia maya. Haber nacido en la península de Yucatán fue una coincidencia más del azar, pues por esa lengua de tierra entró a ese país el bolero desde Cuba. El tráfico de personas y mercancías entre aquella isla y Yucatán fue intenso. Tanto, que los peninsulares cantaban y bailaban el bolero al estilo feeling como en Cuba, así como el danzón. Hay destinos que están marcados. Fue de esa fuente que se compuso el primer bolero en suelo continental americano, ‘Presentimiento’, pieza en coautoría del manito Emilio Pacheco Ojeda y el español Pedro Mata, con la grabación príncipe del yucateco Augusto Alejandro Cárdenas Pinelo, ‘Guty’ Cárdenas.

A pesar de su grandeza, Armando Manzanero no estuvo exento de verse involucrado en un protervo caso de plagio, lo que se dio cuando el barítono Elvis Presley grabó el bolero ‘Somos Novios’ en la versión de su arreglista y compositor de muchas piezas interpretadas por el ‘Rey del rock and roll’, Sid Wayne. Hacia finales de los años 60 del siglo pasado este pagó a Manzanero 200 mil dólares por versionar la canción. La misma se grabó en inglés con el nombre de ‘It’s impossible’ (Es imposible). Ante el éxito del arreglo, saltó un compositor francés con el argumento de que la canción se parecía a una suya y un juez norteamericano le creyó en parte, ordenando que en suelo estadounidense ni Wayne ni Manzanero tendrían derecho a cobrar regalías, como tampoco el litigante francés. Al final, nunca hubo tal calco. Si se volviese a ‘La Luna’,  en su cara oculta estará Armando Manzanero componiendo ante su piano nuevos boleros para los selenitas que allí se encuentren. Dicha grande haber tenido entre nosotros al divino de Yucatán.