María la Virgen: el ser y la misión de la mujer

Cada día toma auge la celebración de la mujer, para resaltar su ser femenino, su quehacer como persona, su inserción en el seno del hogar y su activa participación en el rol social de cualquier sociedad. Aunque consta en todas las culturas la tendencia machista, también hay que reconocer que la mujer se ha hecho sentir, aún entre bambalinas. Y en toda cultura se cuenta con mujeres que han vivido con notoriedad su participación.

Grandes heroínas que dando todo de sí, han inclinado la balanza a favor de sus ideales. Y grandes heroínas son los millones de mujeres que estando al frente de la familia han sido y son las responsables de la educación de sus hijos, el ambiente hogareño y el punto de referencia de todo hijo.

Su incidencia social, ciertamente ha sido lenta, pero constante. Comenzó su ascenso en Norte América y desde allí, como incendio, se propagó a los países del mundo occidental, donde siguen luchando para lograr la igualdad en el trato, beneficios y responsabilidades sociales. Ya es normal verlas en todas las áreas profesionales. Trabajan en todas las instituciones y aún han demostrado su enorme capacidad ejecutiva en puestos de rango en el mundo de la política. Estos logros en el mundo asiático y sobre todo el musulmán y árabe sí que han sido captados por las mujeres, pero los regímenes machistas las mantienen marginadas y reducidas a mínima expresión.

No obstante, ya se pueden contar con mujeres sobresalientes que se han enfrentado a los hombres, a las políticas estatales y están sembrando la semilla de su recuperación social. En la Iglesia católica, donde también se ha vivido un crudo machismo, la Iglesia ha reconocido el ser y misión de la mujer exaltando a las más ilustres en el catálogo de los santos, donde se encuentran reinas gobernantes, humildes campesinas, madres de familia, piadosas religiosas, científicas, grandes escritoras, doctoras.

 El prototipo de mujer en el firmamento de los católicos y ortodoxos se plasma en la persona de la Virgen María, madre de nuestro Señor Jesucristo. Desde los comienzos del desarrollo de la Iglesia en los primeros siglos, hasta nuestros días, la Virgen María ocupa un puesto relevante en el corazón, la devoción, la admiración de los fieles, quienes expresan su cariño y su amor a la Santísima Virgen María con oraciones, cantos, con fiestas patronales y sobre todo con la confianza de suplicarle se interese por sus necesidades.

Abundan ciudades que llevan de alguna forma su nombre; millones de capillas y templos construidos para enaltecer sus virtudes, su santidad, su ejemplaridad. La devoción mariana es una realidad en la piedad de millones de feligreses. La doctrina de la Iglesia respecto a la Virgen es abundante y han sido miles los estudiosos que han desentrañado de la Sagrada Escritura, de los santos Padres, de ilustres doctores, lo más profundo del ser, misión y actualidad de la Virgen. 

En los cuatro Evangelios, los escritores sagrados nos han transmitido relativamente poco acerca de la Virgen, pero lo suficiente como para conformar los fundamentos de la voluntad de Dios que llamó a la Virgen a formar parte en su proyecto de salvación para todos los hombres, invitándola a ser la Madre del Verbo Encarnado. Ya, solo esta altísima inclusión, eleva la persona de María a una dignidad insospechada. Leyendo los santos evangelios captamos algo de su persona.