Maruamake, un pedacito de cielo en la Sierra Nevada

, las mismas que en los meses de enero y febrero se tiñen de amarillo por las flores de cañaguates, puys, caranganitos, guamachos y guayacanes, entrelazadas con nubes blancas que pareciera se pueden tocar y contagian el ambiente primaveral de la imponente Sierra Nevada.

Al llegar a Guatapurí se ve un caserío acogedor, habitado por gente sencilla y amble, en su mayoría indígenas, ubicado en zona de influencia de los picos Cristóbal Colón y Simón Bolívar, desde ahí inicia una caminata alucinante, bordeando el río Guatapurí que baja con sus frías aguas y muestra múltiples pasos que hacen el deleite de los visitantes; Pozo Azul, El Pozo de las Mercedes, La Cascada del Alma, en medio de un sendero de árboles de caracolíes, higuerones y robles, habitados por toda clase de aves, tucanes, canarios, azulejos, carpinteros, etc. Es una ruta maravillosa, propicia para hacer senderismo, a cada momento te tropiezas con indígenas wiwas, koguis y aruhacos arreando bueyes, limpiando el monte y haciendo labores del campo, además de cuidar sus malocas. Es necesario hacer estaciones para disfrutar las bondades del río, que en cada pozo deja ver un paisaje diferente. Se llega a San José, un caserío de unas 10 malocas que registra, consigna la preservación de costumbres indígenas y hospitalidad del nativo.

Después de caminar por 3 horas aparece Maruamake,  llamativo pueblo ubicado a orillas del río Guatapurí, al que se accede a través de un puente de madera elaborado por los indígenas, y se sube hasta la punta de un cerro donde dos niños guardianes dan la bienvenida, mostrando su pureza y cultura, seres inocentes, acostumbrados a habitar sin la molestia del hombre blanco con sus cámaras fotográficas y comentarios impertinentes. Se trata de un caserío espiritual, conservado por tradiciones milenarias que forman una atmosfera envolvente y mítica, con rincones maravillosos y lugares ceremoniales, donde los indígenas se mantienen en sus bohíos vigilantes y aislados en su cosmovisión, es un lugar que hay que observar con el detalle de un escritor que quiere conservar en su memoria todo el espacio para luego plasmarlo en un papel.

Entre muchos propósitos de este viaje era entregar los cuentos infantiles, los Totumos Mágicos de mi autoría, que recibieron emocionados los niños de la etnia. A los pocos minutos me di cuenta que se trata de un territorio sagrado y era mejor regresar, pero con un mensaje, la Sierra Nevada es la vida de gran parte de la región Caribe y su conservación nos atañe a todos. Al regresar a Guatapurí me sorprendió una lluvia bendita y me refugié en una panadería donde me comí las mejores galletas de cresto del mundo.

Maruamake es un pedacito de cielo que se debe conservar.