Médicos, fórmulas, medicamentos y farmacias… para reflexionar

“Ya tengo una formulita que me receto un doctor, unas tres cucharaditas de calma y resignación, y también unas gotitas de olvido pa’ decepción, el avance de la ciencia creo que me puede ayudar, ahora me voy a tomar un frasquito de paciencia y para complementar un trago de resistencia”

A propósito del caso que ha conmovido al país, la muerte de dos menores en Bogotá por haber ingerido el medicamento equivocado, y cuando decidí escribir este artículo, vino a mi mente la canción ‘Receta de amor’ de la autoría de Sergio Moya Molina a la cual corresponde el aparte transcrito, ese tema musical está en el corte 4 del “Lado B” del LP ‘Los maestros’ que Los Hermanos Zuleta sometieron a consideración del público el 15 de mayo de 1976.

Desconozco las circunstancias exactas como se produjo la confusión que condujo al desenlace fatal, pero es un asunto que debe ponernos a reflexionar a todos, me refiero a los médicos que deben escribir bien, a los farmaceutas que deben leer con cuidado, los dueños de farmacias para que ningún medicamento de uso restringido se coloque junto con los que se venden usualmente sin fórmula médica, y a los pacientes que tenemos que prestar atención a las indicaciones médicos, leer lo que dice la fórmula, confrontarlo con lo que se recibe, y volverlo a leer antes de jondearse la cucharada.

Durante mi conversación con el médico que recibió en la clínica, casi sin signos vitales a los menores, que es guajiro y no estoy autorizado a revelar su nombre, recordé que hacen varios años escribí un artículo a propósito de la expedición por parte del Ministerio de la Protección Social del Decreto 2200 del 28 de junio de 2005 por el cual se reglamentó aquella vez el servicio farmacéutico con 22 indicaciones a los profesionales de la salud para la elaboración de las fórmulas, allí se les dice perentoriamente lo siguiente: “La prescripción debe ser en letra clara y legible, con las indicaciones necesarias para su administración…”. Después de buscar como aguja en un potrero, pude encontrar el artículo que titulé “Formulación clara y formato expreso” publicado por el periódico Guajira Gráfica en su edición correspondiente al 15 de noviembre de 2006, escribí entre otras cosas lo siguiente: “Desde que estaba pequeño, ya podía darme cuenta que mamá recorría varias veces el vecindario, a ver si alguien lograba entender La Receta que los médicos nos hacían, sobre lo cual todo el que aparecía metía el ojo y conceptuaba, es más algunos decían “Así escribió el doctor Baquero a fulano y quería decir tal cosa”, otros se las daban de muy entendidos sobre la materia y decían con autoridad “Avé que yo la repaso y completo el nombre”, y otros preferían que lo adivinaran los superdotados de La Botica.

Ha sido una costumbre tan aceptada por todos, “que los médicos escriben así” que llegué a encontrarme entre quienes creían que eso era normal, es más se consideraba un caché, escribir enredado, “Escribe como médico” esas palabras hacían sentir feliz, pero ese asuntico deberá quedar atrás, claro si se cumple lo ordenado”.

En el mismo artículo advertí: “Oportuno y necesario que el Ministerio haya prestado atención al tema, pues he conocido fórmulas, tan ilegibles que llega uno a pensar que no es solo prisa, sino escritas con evidente fastidio hacia los pacientes, si porque conozco médicos que ni siquiera les ponen la mano, distinto a los de antes, porque lo primero que le clavaban a uno era un martillazo en cada rodilla, ahora no, de vaina clavan la mirada en el papel para plasmar unos garabatos, con base en el cuento que uno les lleve…”.

Hacemos remembranza de ese artículo porque tiene una actualidad indiscutible, el debate está abierto y ojalá lo lean todos los protagonistas para que le presten más atención a los que hacen y así prevenir daños irreparables, injustificados y dolorosos.

Lo sucedido en Bogotá con esa pobre señora y sus hijos tiene un antecedente que conozco, nos contaba mi papá que a mediados de los 50 en Aremasain vivía una pareja de esposos que tenía un niño de un año de nacido que se enfermó, y una noche comenzó a llorar en forma inconsolable por lo cual decidieron suministrarle una cucharadita de un medicamento que guardaban y buscaron alumbrados con un mechón junto a otros frasquitos en su cocina, resulta que inmediatamente después que le dieron el medicamento el menor sufrió un paro cardiorrespiratorio y falleció de inmediato, cuando revisaron el supuesto medicamento se dieron cuenta que era un veneno para ratas que estaba cerca de la medicina que pretendían darle al muchacho.

¡Toca ser más cuidadosos con ese tema, el gato que sube una estufa caliente no sube otra ni si esta helada!